En la desmovilización del frente Cacica La Gaitana hubo enorme engaño. No fue cierto que una columna de las Farc hubiera entregado las armas, acatado la legalidad colombiana y aceptado hacer vida en la democracia. Metieron “gato por liebre”. Muchos de los tales guerrilleros eran habitantes de la calle, desocupados y delincuentes, haciendo bulto con fines que las informaciones no precisan pero se pueden presumir. Descubierta la trama, la Fiscalía imputó cargos a miembros del Ejército, al ex guerrillero “Olivo Saldaña” y al ex Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, a quien se le libró orden de captura para que comparezca en el proceso. Está en el exterior y sus allegados explican que no se presenta porque desconfía de la imparcialidad del Ente investigador. Restrepo desempeñó una tarea necesaria para el país, pero complicada y de enormes riesgos. Nada menos que encontrar la paz, tan esquiva como ha sido para nuestra democracia. En ello se le vio atareado, principalmente buscando soluciones con el paramilitarismo. Conocí a Restrepo durante su ejercicio por la paz y me causó buena impresión. Estuvo lidiando con gente acostumbrada a delinquir, a mentir, a sacar provecho personal de cada situación. Difícil empeño porque no eran grupos homogéneos, no tenían mando unificado y en las deliberaciones se colaron capos del narcotráfico, como se estableció plenamente. Del ex comisionado se puede predicar que es una persona sana, bien intencionada, vinculada al tema de la reconciliación con el propósito de servir a una importante causa nacional. Por los antecedentes personales y profesionales es dable considerar su buena fe. Judicialmente habría que probarle dañada intención en la desmovilización de falsos guerrilleros. Es imposible que el encargado de la paz sepa a ciencia cierta quien es cada uno de los desmovilizados. En ello, lo sé por experiencia propia y debo decirlo, hay que atenerse en mucho a los listados que pasa la guerrilla y confiar en los exámenes que hagan las fuerzas de seguridad y los funcionarios gubernamentales encargados de tal oficio. Ojalá el ex alto funcionario se presente a las autoridades y aclare su situación frente a este caso de fraude, que fue enorme y sin duda tendrá repercusiones judiciales. Pero el tema de la paz no se puede quedar en este caso. En relación con el paramilitarismo hay dos situaciones que requieren aclaraciones. Primera, establecer cuáles fueron los narcos que se colaron en ese proceso. Ya se sabe que hubo un engaño tremendo y el país y los Jueces deben saber toda la verdad. Segunda, definir quiénes y cuántos fueron los que se desmovilizaron, sin ser paramilitares. No es creíble que por la época existieran más de cuarenta mil paras. Ahí también hubo una tramoya descarada, sobre la cual han hablado, incluso, algunos de los exjefes del paramilitarismo. Seguramente hay muchas cosas ocultas. La verdad irá apareciendo. Por ahora hay gran expectativa sobre lo que siga contando “Don Berna” y lo que llegue a decir Martín Llanos. Esto apenas comienza.

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