Dos temas han ocupado la atención de los neivanos con hondas implicaciones en los menguados presupuestos de los citadinos Germán Palomo García Dos temas han ocupado la atención de los neivanos con hondas implicaciones en los menguados presupuestos de los citadinos: La eliminación de los subsidios a los estratos bajos por consumo de agua y sus servicios conexos y el exorbitante incremento en el impuesto predial tradicionalmente pagado mayoritariamente en los tres primeros meses del año. En el primer caso, el argumento para su eliminación descansa en la reducción de las regalías directas, que hace imposible sostenerlos a menos que, dicen las noticias, se puedan restablecer vía el Plan Departamental de Aguas a donde concurre el municipio de Neiva como los demás municipios del Huila. Tal parece que esto no es posible y el Consejo de Neiva acaba de aprobar la eliminación de los subsidios, lo cual resulta oneroso para los bolsillos de los estratos bajos pero no hay otro recurso y es mejor decirle la verdad a la comunidad, por lo que la administración de EPN actúa transparentemente. Además, como lo anoté en comentario anterior, no se podían usar regalías para subsidiar consumos, menos ahora que está vigente el SGR que es reiterativo en que no se podrán destinar recursos en gastos de funcionamiento ni en subsidios pues ninguno de los dos califica como inversión. En el caso del impuesto predial, el argumento de que hace cinco años no se actualizan los avalúos por el Igac no implica que se tenga que tomar el nuevo como base del impuesto pues no es aceptable porque, en la práctica, genera incrementos del predial en una solo vigencia cuando debió espaciarse en los cinco años. Los impuestos hacen parte de la canasta familiar de los colombianos por lo que el IPC no solo define la tasa de inflación sino, como uno de sus componentes, el salario mínimo y este no se mueve tal como lo plantea el argumento. Se dirá que el impuesto está asociado a la vivienda, lo cual lo relaciona a rentas de capital pero la verdad es que los neivanos dependemos mayoritariamente de los ingresos por salarios y otras remuneraciones. En Neiva, más del 65% de los asalariados ganan menos de dos salarios mínimos, una realidad que condiciona, indudablemente, la capacidad de pago de las familias. Aparte, las críticas de los arquitectos contra la metodología del Igac para establecer los nuevos avalúos ameritan una revisión inmediata. Con razón las quejas no se hacen esperar.

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