La secretaria de Estado, Hillary Clinton, ratificó ayer la reducción de la ayuda antidrogas estadounidense para América Latina, soportado en la nueva estrategia global contra el narcotráfico. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, ratificó ayer la reducción de la ayuda antidrogas estadounidense para América Latina, soportado en la nueva estrategia global contra el narcotráfico. El presupuesto presentado hace dos semanas establece una disminución en 92 millones de dólares en la ayuda contra el narcotráfico y el crimen organizado para América Latina. Las principales reducciones corresponden a México y Colombia. La decisión coincide con el informe anual revelado por Naciones Unidas, donde ratifica algunos avances pero especialmente ratifica el fracaso de la lucha antidroga, enfocada en la represión. El consumo sigue aumentando, así como las sustancias sicotrópicas; bajaron levemente las áreas sembradas y la producción no desciende en los términos esperados. Pero adicionalmente, este fenómeno disparó las cifras de desplazamiento y aumentó los niveles de criminalidad. La Oficina contra la Droga y el Delito de la ONU insiste que Colombia es el principal productor de hoja de coca, por encima de Bolivia y Perú. Las áreas sembradas registraron un leve descenso. El 90 % de la cocaína consumida en América del Norte proviene de Colombia. La cantidad de cocaína consumida en Europa se ha duplicado en el último decenio y Estados Unidos es el principal mercado, según el último reporte de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de Naciones Unidas. La política de erradicación manual no ha dado resultados contundentes, pese a los grandes esfuerzos y peligros que representa en las zonas cocaleras. La disminución de los recursos asignados al Plan Colombia está directamente relacionada con la nueva estrategia global antidroga de Estados Unidos, más enfocada en la prevención. La disminución de la ayuda militar es irrelevante frente a los grandes efectos dejados en la última década. En el macizo colombiano, la estrella fluvial del país,  no ha asido ajeno a este fenómeno que sigue latente, con graves efectos en el ecosistema, pero también con alarmantes consecuencias sociales, que alimentan el conflicto armado. Pero además, ha incrementado la problemática en las zonas afectadas. La falta de oportunidades en el campo, la precaria presencia de la institucionalidad,  la proliferación de grupos armados ilegales y la ausencia de políticas públicas audaces promotoras de la sustitución de los cultivos, no han hecho más que sumarle base social a las organizaciones de la guerrilla, el paramilitarismo y otras modalidades del narcotráfico que se han apoderado con la fuerza de las armas, en extensos territorios. Y Eso,  sin tener en cuenta la crisis humanitaria, acrecentada con la lucha antisubversiva, también patrocinada por los Estados Unidos. La solución no está en aumentar el número de policías y cárceles. Ni las fumigaciones. Las fuertes sumas de dinero que se invierten en políticas represivas, deberían reinvertirse en desarrollo alternativo. El nuevo enfoque, abre por lo menos, una esperanza, en medio del conflicto.

Comentarios