En un Estado democrático,  como pretende ser el nuestro, la participación activa, crítica, inteligente, responsable y ética de sus ciudadanos resulta determinante en el destino de una sociedad. Es por ello que corresponde a cada uno de nosotros tomar conciencia del lugar que queremos ocupar y actuar en consecuencia, ya que en la mayoría de situaciones expresamos nuestra opinión y nos quedamos allí sin hacer nada más, y en otros casos terminamos siendo presas de la influencia de los medios de comunicación, de la avalancha consumista, de la moda o del “calor” del momento.   Esta participación puede expresarse de manera individual a través de nuestros actos en la vida cotidiana, pero también tenemos el derecho de agruparnos  y expresarnos de manera colectiva. Finalizando el año 2011 los estudiantes universitarios conjuntamente con otras organizaciones sociales nos dieron un valioso ejemplo al lograr mediante sus manifestaciones sociales pacíficas,   la suspensión del Proyecto de Ley que pretendía modificar algunos aspectos de la educación en la Ley 30. Este referente ha dado aliento a diferentes organizaciones para realizar convocatorias sociales en diferentes asuntos. Muestra de ello son las marchas que en la región se han dado para tomar posición con respecto a la construcción de la represa del Quimbo, asunto de vital interés para todos en razón a su significativo impacto ambiental y psicosocial. La semana anterior celebramos el día de la mujer, y observamos un enorme movimiento de las personas haciendo a ellas un justo reconocimiento, flores – de las cuales merecen una y mil más-, invitaciones y mil atenciones más, todas muy merecidas; que de paso activan la economía. Sin embargo pocas expresiones que reivindiquen la equidad de género y reconozcan sus derechos permanentemente vulnerados, como sucedió en los hechos que dieron origen a  la conmemoración de esta fecha  a principios del siglo pasado cuando un  grupo de mujeres fueron incineradas en su fabrica mientras desarrollaban protestas por el incumplimiento de sus derechos laborales. También merecen que como hombres extendamos nuestras manos y las unamos a las de ellas para defender sus  derechos e impedir toda forma de vulneración, acosos laborales, utilización banal en los medios de comunicación y publicitarios, inequidades laborales y en el hogar, permitiendo la expresión y realización contundente de su feminidad. Ese es un deber social que nos corresponde tanto a hombres como a mujeres. El camino de la defensa y ejercicio de los derechos es el camino que nos corresponde a los pacifistas a diferencia de los violentos, como se lo expresaba Sigmund Freud a Einstein en su carta: ¿El porqué de la Guerra?, escrita a propósito de los desastres de la primera guerra mundial. * Psicólogo. Docente Usco. Grupo Crecer

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