El régimen político y económico instaurado en Colombia, no tiene afinidad, ni correspondencia práctica, con la definición etimológica del vocablo; democracia. El régimen de gobierno, propicia la indiferencia de las mayorías, por los resultados del ejercicio del poder y por su misma perspectiva de futuro. Hay una distancia abismal, entre el pueblo raso y el poder de las élites. El gobierno, no representa al pueblo realmente, ni el pueblo tiene cómo exigirle que lo haga. ¿Qué puede hacer el ciudadano del común, para orientar el desarrollo de la nación, que beneficie a todos? Las decisiones las toman unos pocos, bajo la batuta del gran poder económico y político. El desarrollo de una nación exige tanta responsabilidad, que es insensato confiárselo a economistas y abogados, solamente. Estos se embriagaron con los dogmas del neoliberalismo y el mercado, impusieron sus designios y por eso estamos como estamos. En términos de equidad: ¿Qué puede hacer el pueblo raso, para ordenar equidad en el sistema de pensiones, por ejemplo o en el precio de los combustibles? 86% de las mesadas, las reciben el 20% de los pensionados. El 1% de las mesadas lo recibe el 40% de más bajas pensiones. El 70% recibe menos de 2 salarios mínimos. Del presupuesto nacional 2012, $25 billones tienen que destinarlos a pago de pensiones, de millón y medio de pensionados. Solo el 25% de mayores de 60 años es pensionado. En Argentina el 45%, en Chile el 55%, en Brasil el 75%, entre otros vecinos. Pero además, ya existe el carrusel de las pensiones. Los gobiernos no quieren poner orden. El caos pensional se puede resolver con un plebiscito, que ordene que nadie, a partir de su aprobación puede recibir más de 4 salarios mínimos por pensión mensual. ¿Por qué no lo realizan? ¿Qué puede hacer el ciudadano de a pie, contra la inaudita feria del patrimonio público y la concentración de la riqueza? ¿Qué puede hacer Juan Pueblo para erradicar la corrupción, practicada desde las más altas esferas del poder? Las leyes y la impunidad la facilitan y en ocasiones la garantizan. ¿Qué puede hacer contra la desbordada  inseguridad que lo amenaza a diario? ¿Qué pueden hacer las mayorías silenciosas y anónimas para erradicar la impunidad, que beneficia a la delincuencia de cuello blanco, en particular, como lo atestiguamos en el departamento? Bueno, ocurre en toda la nación. ¿Qué pude hacer el 70% y mas de colombianos que solo cuentan para depositar el voto y pagar impuestos? Vale precisar que, proporcionalmente a sus ingresos, el pobre paga más impuesto que los ricos. No tiene cómo ni quien lo proteja de la guillotina de  impuestos. Lo que los dueños del poder económico y político, tratan a diario de presentar como imperio de la democracia, se asimila más a una dictadura civil. Manda un círculo reducido de poder. Sus componendas interesadas  las impone a base de corrupción. ¿Cómo puede haber democracia con un Congreso, arrodillado ante el Ejecutivo, integrado por muchos suplentes, porque sus titulares están presos, condenados  o investigados? La ignorancia política de las mayorías garantiza el festín del poder. Un gobierno democrático, debe ser honesto con sus gobernados. Ser honesto, obliga no mentir ni engañar con señuelos y piñatas, que frecuentemente constituyen una afrenta a las mayorías ignorantes, desinformadas o manipuladas, por sus aliados  usufructuarios.

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