El actual gobierno del presidente Juan Manuel Santos, con más de 20 meses de ejercicio, sigue en alta deuda con el departamento del Huila El actual gobierno del presidente Juan Manuel Santos, con más de 20 meses de ejercicio, sigue en alta deuda con el departamento del Huila en materia de representatividad política y ejecutiva pese al copioso caudal de votos, de respaldo y de simpatía que se le ha profesado tanto al mismo Santos como a su antecesor Álvaro Uribe Vélez. Ningún profesional nacido o hecho en estas tierras ha logrado ser tenido en cuenta para ocupar algún cargo de importancia en las esferas nacionales, pese al enorme número de oficinas, despachos, entidades y posiciones que se maneja en el Gobierno Nacional. Vale decir, excepción hecha del notable abogado y verdadero doctor en Derecho Jorge Fernando Perdomo Torres, giganteño, nombrado en septiembre de 2011 como Viceministro de Política Criminal y Justicia Restaurativa (ese es el nombre oficial del cargo) y hace un par de semanas nuevo Vicefiscal General de la Nación. Perdomo Torres, con una impresionante hoja de vida y una trayectoria cual más impecable en el competido mundo del Derecho, es hasta ahora el único consuelo de relevancia que tiene la región en las altas esferas nacionales, aunque su nueva posición representa mucho más un reto y reconocimiento a él que un cargo del que pueda derivarse alguna porción de real poder en beneficio de la región, considerando que se trata de una tarea eminentemente de lucha contra el crimen. Por ahora, y ojalá no por mucho tiempo, la meritocracia o la libre escogencia de los grandes cargos en el país no ha sido nada afortunada para el departamento del Huila. Y no es por falta de buenos candidatos ni que la región misma no tenga alguna importancia ante el resto de la Nación. Estas tierras registran hoy grandes intereses para el país, habida cuenta de su condición de gran y primer productor de café del país, generador de hidrocarburos, estratégica ubicación de cabeza del sur del país, crecimiento en servicios, zona de enormes riquezas arqueológicas y naturales, por sólo nombrar algunos aspectos. Y si no bastase ello, la proporción de respaldo electoral al gobernante fue de las mejores. Pero de nada ha valido todo lo anterior; y no sobra señalar que no se trata aquí de pujar o reclamar posiciones burocráticas al son de intereses mezquinos o partidistas; al contrario, es experimento probado que aquellas regiones cuyos hijos logran escalar hasta las mejores posiciones del poder, registran los más altos indicadores de desarrollo y progreso, y se convierten esos destacados funcionarios en propulsores también del capital humano de su región. Contrario a lo del Huila, regiones como el Valle, por ejemplo, tienen hoy robusta cuota de poder nacional: Angelino Garzón, vicepresidente; Federico Rengifo, ministro del Interior; María Fernanda Campo, ministra de Educación; Mariana Garcés, ministra de Cultura; Henry Eder, consejero presidencial; Miriam Villegas, directora del Incoder;   Santiago Castro, director de la Aerocivil; Juan Carlos Mira, secretario privado de Santos; la consejera Catalina Crane, esposa del nuevo Mininterior. Además, embajadores en España, Perú, Francia y Corea, y el nuevo presidente del Senado Roy Barreras. Y casi nadie se pellizca.

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