Los pobladores de la Cuenca Hidrográfica del río Las Ceibas, las organizaciones ambientales y los interventores en la zona de reserva ambiental, presentaron ayer las prácticas de restauración ejecutadas en el área. El cambio de mentalidad de los participantes y la implementación de novedosas estrategias de conservación fueron los aspectos más significativos. Los pobladores de la Cuenca Hidrográfica del río Las Ceibas, las organizaciones ambientales y los interventores en la zona de reserva ambiental, presentaron ayer las prácticas de restauración ejecutadas en el área. El cambio de mentalidad de los participantes y la implementación de novedosas estrategias de conservación fueron los aspectos más significativos. GINNA TATIANA PIRAGAUTA G. LA NACIÓN, NEIVA Reforestar, conservar y consolidar 15.200 kilómetros de reserva ambiental en la cuenca hidrográfica del río Las Ceibas, es una titánica labor que se desarrolla en la zona rural del norte de Neiva y en la que están articulados pobladores del sector, organizaciones ambientales nacionales y extranjeras e instituciones del Estado. El trabajo que inició hace cerca de cinco años bajo la tutoría de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) y la Corporación Autónoma del Alto Magdalena (CAM), hoy es considerado como una experiencia piloto exitosa por la participación activa de los labriegos y la implementación de novedosas estrategias de cuidado ambiental. Sin embargo, aún persisten dificultades en la zona de reserva, relacionadas especialmente con la presencia de ganado en el área, que arruina los esfuerzos realizados por los campesinos de las veredas San Miguel, Tuquila, La Plata, Pueblo Nuevo, San Bartolo y Chapinero, entre otras. Asimismo, algunos de los labriegos participantes en el proyecto consideraron que la compra de predios por parte de la Alcaldía de Neiva se ejecuta con precios muy bajos, lo que dificulta las condiciones de vida de los campesinos y retrasa el proceso. Trabajo Rodolfo Oyola, líder de San Bartolo, aseguró que los grupos forestales que trabajan en la zona realizaron una caracterización de las especies, nativas, ubicaron árboles padres, recolectaron semillas y las sembraron en la cuenca. A la labor se sumaron 23 organizaciones comunitarias del sector. Este aspecto, es tal vez uno de los más importantes para el líder campesino. Cambiar la mentalidad y las prácticas productivas no fue una labor fácil, pero la constancia permitió que se dejara de afectar negativamente al nacimiento de agua que abastece a la ciudad y se incorporaran nuevas estrategias en los cultivos. Abonos orgánicos, procesos de reforestación artesanales, siembras de agua, establecimiento de viveros transitorios y procesos de conectividades entre los bosques fueron desarrollados por los labriegos. Para esto, retomaron los conocimientos que de la tierra poseen los campesinos y sumaron la asesoría técnica de la FAO. Realizaron labores de reconversión e implementaron nuevos sistemas productivos. Innovaciones Andrés Eduardo Quintero, poblador de la cuenca, hizo parte de la implementación de un nuevo sistema productivo en la zona con manejos agroforestales amistosos con el medioambiente. El labriego aseguró que en sus predios realizó exitosamente la siembra de cultivos de caña, badea y tomate. Para ello, se sumaron todos los miembros de la familia y aprendieron a reutilizar todos los elementos orgánicos que se generan en las fincas. Redujeron el manejo fitosanitario de los químicos e iniciaron el manejo de fertilizantes generados a partir del bagazo de algunos cultivos. Las mujeres se encargaron del cuidado de especies menores como las gallinas y los cuyes, y de las pequeñas huertas caseras que crearon en los predios. Como en el sector es escasa el agua, desarrollaron siembras del líquido con las lluvias y diseñaron de manera artesanal tanques de almacenamiento y suministro. La producción que generaron la utilizó para su consumo personal y para comercializarla en los mercados campesinos que se realizan en el barrio Calixto de la capital del Huila. Eduardo Quintero señaló su preocupación por la finalización del convenio con la FAO, y consideró que los labriegos  quedarían a la deriva. Una experiencia de vida y esperanza Rafael García es un reconocido médico y docente universitario del departamento del Huila. Por cuestiones de la vida recibió un predio en dación de pago de una obligación, ubicado en la cuenca de Las Ceibas. El terreno estaba degradado, deforestado y el galeno no encontraba una ocupación adecuada a estas infértiles tierras. Su hija de 13 años lo llamó el Desierto de la Buena Esperanza e irradió en su padre la energía de trabajar por el lugar. Junto a un ingeniero agrícola inició la siembra de especies nativas y se dejó asesorar de la sabiduría popular y los consejos de los vecinos. Con el trabajo que inició su vida dio un giro total. Sus amigos y conocidos se extrañaban de observarlo en la salida de Neiva, transportando agua y regando las especies que insistentemente sembraba y que tenían una considerable mortalidad. Hizo cosechas de agua con las lluvias y aprendió el manejo de los desechos orgánicos. Para ello, utilizó el acueducto veredal de la zona, pero ante la pérdida misteriosa de una maquinaria donada por una multinacional, volvió a los timbos. Posteriormente, con el apoyo de muchas entidades logró la implementación de un reservorio pequeño, sencillo y práctico, alimentado por las aguas lluvias que le permitió almacenar hasta 60.000 litros de agua. Los desechos de los ganados se convirtieron en los mejores abonos para las tierras, que después del trabajo y constancia del médico y su grupo de colaboradores, empezó a reverdecer y a generar un nuevo aspecto.  La mortalidad de especies continúa, sin embargo Rafael García resalta a las que sobreviven y generan un impacto positivo en el sector. Actualmente con un equipo de campesinos de la zona y el apoyo de muchas instituciones, en el Desierto de la Buena Esperanza se realizan siembras de árboles, se comparten semillas y se proyecta el futuro. Control de la zona Juvenal Ruíz Pérez, ingeniero agrónomo de la FAO y uno de los técnicos que ha liderado significativamente el proceso comunitario, explicó algunos de los métodos de reforestación implementados en la cuenca del río Las Ceibas. El profesional aseguró que con el uso de sencillos mecanismos construidos con guaduas y árboles nativos, los labriegos de la zona evitaron que los suelos continuaran con el desprendimiento y la desertización. Las Ceibas, un compromiso colectivo Humberto Rodríguez, coordinador general del proyecto: “Los logros más importantes son la organización, vinculación y capacitación de la comunidad a través de procesos de planificación  predial participativa. Así como intercambiar con los actores las experiencias y trabajar sus tierras de acuerdo al correcto uso del suelo. Se cambiaron algunas prácticas en los cultivos que afectaban las laderas del río, por ejemplo se disminuyó significativamente la quema en el sector”. María Edith Tovar, habitante de Las Ceibas: “Recibí mucha colaboración para encercar y reforestar. Aislamos los nacimientos y nos enseñaron su importancia”. Henry Tovar: “El proyecto apunta a ser muy bueno. Pero no nos incluye a los que vivimos en la zona verde. Nos han aislado y no hemos recibido ningún apoyo, sólo nos piden salir de la zona. Entre nosotros hay inconformidad porque también queremos contribuir con la descontaminación de Las Ceibas”.

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