A propósito de la convención nacional del partido de la U, el debate frontal entre Álvaro U-ribe Vélez y Juan Man-U-el Santos (la U demuestra que el partido es de los dos),  giró alrededor del proceso de paz. Es importante para el país que el expresidente se dedique a la oposición, eso es sano, aunque consideremos que pueda ser falta de oficio, su oposición construye la democracia. Por otro lado, los expertos señalan que el dialogo entre las Farc y el Gobierno Nacional es un dialogo entre enemigos y rivales. Dos puntos de vista, uno desde la criminalidad y el otro desde la legalidad y las víctimas, pero curiosamente ambas desde el dolor. La guerrilla por las bajas sufridas de los contundentes golpes dados por el anterior gobierno y el actual. Y por el lado del Estado, los secuestros, las desapariciones y homicidios contra la población civil. Nadie dijo que era la paz iba a ser fácil. Para la muestra un botón de algo menor. Los miembros de la U tuvieron que programar horas de intervención diferentes entre Santos y Uribe, porque desde un principio los iban a poner juntos, ante lo cual el expresidente Uribe declinó su participación, pero pudieron al final cuadrar los horarios y asistieron los dos. Lo mismo sucede con las Farc, nadie puede pretender que en la primera declaración digan que todo está bien y que entregarán las armas sin condiciones. A todos nos tocará tragarnos algunos sapos. Verlos en el congreso haciendo política, siendo elegidos alcaldes, concejales o gobernadores cuando retornen a la vida civil. Asimismo, escucharles el discurso de que ellos son las víctimas del Estado y no al revés, no es fácil para el país. Y seguramente ellos tendrán que tragarse sus propios sapos toda vez que los procesos de paz se basan en el reconocimiento de los actos delictuales y el ofrecimiento de excusas. Deberán estar preparadas para ofrecerle perdón de manera pública y directa al exmandatario Álvaro Uribe, por haberle matado a su papá. Devolver las tierras apropiadas ilegalmente. Decir donde están o que hicieron con los desaparecidos, si se tiene en cuenta que en su discurso no reconocen estos hechos ilícitos. En fin la paz no es un camino de rosas, pero el dialogo en este momento es el camino a seguir. En menos de un año debemos reducir la criminalidad guerrillera y concentrarnos en luchar contra la corrupción y la delincuencia común, otros grandes males, iguales o peores que la guerrilla.

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