Todos los días son del periodista porque en su diario ejercicio de comunicador tiene  la responsabilidad de conectar la mente con la intención que lleva la  palabra. Y con mayor razón cuando la palabra viaja con la voz a velocidades que escapan a la imaginación  porque aterriza en lugares desconocidos para personas indeterminadas. El ímpetu de la palabra tiene los efectos que su portador le imprime, por eso, debe tener la mayor precaución cuando de comunicar se trata. Debe redondear la noticia como si fuera una bola de jabón, sacarle toda la impureza y quedarse con el núcleo, para no decir más de lo conveniente, ni  menos que no se entienda, esa es la magia de la palabra. Por esto, la profesión ha ido adquiriendo tanta categoría que ocupa un lugar destacadísimo en el mundo.  Nadie nos conocería ni conoceríamos  a alguien, sino fuera por los medios que manejan los periodistas comunicadores. El periodista es una persona  inteligente, sabia, sagaz, de mucha pasión por éste trabajo y mucho amor por la profesión. No sabemos cuándo empezó el oficio de comunicar los hechos, pero sí sabemos que es parte fundamental de la sociedad y de todo lo que ocurre en ella. Lo que el periodista refleja cuando comunica permite tomar una posición definida frente a los acontecimientos. Sabemos algo del pasado por los comunicadores.  Si analizamos  el poder que la palabra tiene  dentro de la sociedad, descubrimos por qué el mundo se achicó cuando los periodistas desplegaron su sagacidad y nos mostraron hasta el último rincón. El periodista vive alrededor del mundo y nos informa de lo que sucede al instante.  Narra los hechos con responsabilidad,  apegado a la realidad, para no afectar negativamente los acontecimientos, ya que su papel en la sociedad es el de crear conciencia sobre las diferentes situaciones de los pueblos. Y a pesar de ser difícil sacarle lo malo al suceso para producir la noticia, se impone la responsabilidad del periodista-comunicador. Por eso  su influencia maneja el interés general, y su reputación cuenta mucho para ser creíble dentro de la sociedad. Además, debe  resistirse ante el intento  de saciar la curiosidad del público con noticias poco digeribles, evitando invadir el profesionalismo como periodista. Y como la palabra es el vehículo que lleva determinadas  intenciones indescifrables, el periodista queda sujeto a su obligación de actuar con la mayor diligencia posible en el acceso a las fuentes y en el contraste de opiniones confrontadas, por lo que debe recurrir obligatoriamente a fuentes verificables o a su propio testimonio. La ética ante todo. Por eso es el cuarto poder.

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