Confieso que no soy muy “tintero” que digamos. Pero el café que me tomé en la mañana del martes, me significó algo diferente, pues aunque su sabor se mantenía en la oscuridad de su líiquida contextura y su aroma se esfumaba en el aire dejando su marca incuestionable, su simbología era otra. Entre sorbo y sorbo, y mientras ojeaba la prensa, una noticia me tomó por asalto: El paro de cafeteros. Así que me dispuse a reflexionar sobre qué habría detrás de este símbolo gastronómico. En medio de la incertidumbre que se levantó y sus efectos en las diversas esferas de la sociedad, queda la sensación de que cuando las vías de producción se detienen, el desequilibrio en el ritmo de vida del ser humano no se hace esperar. Ha quedado claro que el trabajo, tal como lo sostuvo Marx, es un vínculo connatural entre el hombre y la naturaleza, haciendo de  ésta un instrumento de humanización. No obstante, cuando éste vínculo es cobijado por la institucionalidad productiva, la humanización pasa a ser una de los mayores anhelos que se retraen para el proyecto humano y es remplazada por la mercantilización del trabajo. En la lucha por recuperar esta dignidad que le ha sido usurpada, el trabajador se organiza, máxime cuando su trabajo es medido con categorías ajenas a su entorno. Es así, por ejemplo, como en el caso de los cafeteros, ellos tengan que exportar en precio nacional cuando el destinatario comercializa en precio internacional. ¿Dónde ha quedado la dignidad del exportador? ¿Cómo es posible comprar bienes en otro lado cuando eso mismo se hace en casa? Esta es una de las razones por las que la paz no será posible hasta tanto este tipo de desigualdades no se traten de equilibrar. Ahora recuerdo que los esfuerzos hechos por quienes delegamos la representación popular, quedaron sin lugar a dudas algo cortos. La “Villa” de Neiva no verá  el “Alba” de un amanecer donde el café que nos tomemos nos conecte con la tierra de donde fueron paridos todos aquellos granos necesarios para alimentar el trabajo del campesinado huilense. No es un secreto que la cuestión agraria hace parte de la agenda del proceso de Paz llevado en la Habana, pero se nota que la tendencia económica del país es estar postrada a los intereses del capital mayoritario, siendo acolitados por quienes encabezan las diferentes federaciones, quienes en ocasiones confunden con su obrar en relación al gremio que representan. En el afán por mantener una pseudo pax-colombiana, el Estado ha lastimado a sus estudiantes, ha lacerado el pecho de quienes sienten el manejo incorrecto de los recursos del campo y de la educación. Ordena a sus peones en contra de quien hable, piense y camine diferente. Falsa reafirmación de autoridad cuando hay sangre, fracturas y hematomas de por medio. ¿Cuál es la razón de ser de los bolillazos? ¿Terrorismo de Estado? ¿El Estado se defiende de quienes se defienden, porque él no es capaz de defenderlos? Cuando me disponía a terminar el café que hace más de hora y media venia tomando, me percaté de que estas palabras no podrían ser entendidas más allá que tan sólo un sutil elogio a los cafeteros.

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