Asistimos hoy a una evento extraordinario, inédito durante casi seis siglos, especialmente para más de mil millones de seres humanos de todo el mundo que profesan y se rigen por la Iglesia Católica, de los cuales el grueso de la población colombiana hace parte: la oficialización y materialización de la renuncia del Papa y la interinidad de ese alto cargo religioso en tanto los cardenales habilitados escogen al sucesor de Benedicto XVI quien, a partir de hoy, vuelve a su nombre de pila, Joseph Aloisius Ratzinger y se recluirá en un monasterio de clausura. Asistimos hoy a una evento extraordinario, inédito durante casi seis siglos, especialmente para más de mil millones de seres humanos de todo el mundo que profesan y se rigen por la Iglesia Católica, de los cuales el grueso de la población colombiana hace parte: la oficialización y materialización de la renuncia del Papa y la interinidad de ese alto cargo religioso en tanto los cardenales habilitados escogen al sucesor de Benedicto XVI quien, a partir de hoy, vuelve a su nombre de pila, Joseph Aloisius Ratzinger y se recluirá en un monasterio de clausura. La salida formal del actual Papa ha estremecido, como nunca en los recientes siglos, las estructuras de una de las iglesias más poderosas, política, económica y socialmente del planeta, en medio de todo tipo de consejas, especulaciones, teorías de conspiración y alocuciones del mismo Benedicto que dejan entrever serias y profundas grietas al interior del Obispado de Roma. La renuncia del Papa marca un precedente en la historia de la Iglesia católica moderna y al mismo tiempo obliga a su sucesor a encarar los retos de la milenaria institución para generar un impulso modernizador y pesar en el mundo globalizado, como representante de 1.200 millones de católicos. Vendrá entonces la puja interna, las discusiones de los cardenales y las líneas de conveniencia que determinen el nombre del Obispo de Roma número 266, si se mira desde un punto de vista eminentemente político y fáctico; si se observa desde la condición teológica, los cardenales entrarán en profunda reflexión y enclaustramiento a la espera de la iluminación del Espíritu Santo para señalar, por voto secreto bajo pena de excomunión, al elegido y el consiguiente humo blanco y pronunciación del “Habemus Papa”. Se va el cardenal Ratzinger dejando una imagen de total desprendimiento del altísimo poder que entraña ser el líder de una iglesia fuerte, aún en medio de crisis y afectación sensible de su imagen, pero creando grandes especulaciones respecto de posibles pugnas intestinas y la existencia de dos bandos que ponen en riesgo a un credo y una estructura cuyo último cisma ocurrió durante la Reforma Protestante de Lutero en el siglo XVI. Y se ha despedido ayer con una alocución en alemán que sumió a los peregrinos en un profundo silencio, roto de vez en cuando por fuertes aplausos ante sus palabras pronunciadas con voz trémula por quien será, a partir de hoy, Papa Emérito. “La salida formal del actual Papa ha estremecido, como nunca en los recientes siglos, las estructuras de una de las iglesias más poderosas, política, económica y socialmente del planeta”. Editorialito Los choques entre manifestantes y la fuerza pública, marcan otra cara de un paro cafetero, que sigue latente y que amenaza con agravarse si el gobierno no atiende sus justas demandas. Y no sólo con gases lacrimógenos o granadas de aturdimiento. Lo que los campesinos esperan sin excepción son soluciones. Y en esto debemos estar todos comprometidos.  De lo contrario, el paro seguirá sin tregua.

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