No todas las represas tienen que ser como Betania o El Quimbo, donde se han inundado o se inundarán miles de hectáreas de las mejores tierras agropecuarias del departamento, donde se pierde un valioso patrimonio histórico y cultural para el departamento, donde se entrega el dominio sobre el río Magdalena por la concesión  a perpetuidad del 100% de su caudal hídrico, en el que una trasnacional es la gran gananciosa con una inmensa renta durante 50 años a cambio de unas ínfimas regalías para el estado y en donde las compensaciones ambientales, económicas y sociales para la región y para las comunidades afectadas, es muy inferior al daño causado. Y esto sucede así porque las élites gobernantes en Colombia tienen un sentido distorsionado  (o mejor enajenado) de lo que es la patria y la democracia. Esas élites se conforman con ser las socias menores de los grandes consorcios trasnacionales contentándose con una pequeña porción del ponqué, a costa de la pobreza y el atraso de regiones como el Huila. Nuestro departamento, como lo muestran los estudios estratégicos y de competitividad, tiene una gran riqueza hídrica que puede y debe ser utilizada para el consumo humano y animal, para la generación de energía eléctrica, para distritos de riego, para la producción piscícola, para el desarrollo ambiental y turístico. No todas las represas tienen que generar energía eléctrica. Algunas pueden ser para evitar avalanchas, captar agua en invierno  y ser utilizada en verano para riego, tal como se propuso en el caso del Plan Agropecuario Municipal de Campoalegre, con el río Neiva en la zona de Vilaco. Las represas multipropósito, utilizadas en la generación eléctrica, los distritos de riego, el turismo y la piscicultura, tienen un gran valor agregado pero deben ser administradas por el estado a fin de armonizar los diferentes intereses que entran  en conflicto especialmente en verano cuando disminuye el caudal de los ríos. Un requisito esencial para una adecuada utilización del recurso hídrico es planearlo con soberanía nacional y con democracia, consultando a las comunidades afectadas sobre su interés y conveniencia. El Huila no puede negarse a la utilización más adecuada de su recurso hídrico en su progreso y en el bienestar de sus gentes. Pero la utilización  de nuestras aguas debe obedecer a estudios que consulten esencialmente el interés nacional y regional, ajenos a los intereses de las grandes multinacionales y con interventoría de las comunidades afectadas y de sus gobiernos locales.

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