El doctor Luis Carlos Sáchica explica en una de sus obras que el Estado es la organización política de la sociedad. La Constitución es la estructura de esa organización. A la vez, nuestro estatuto consigna en su artículo primero que Colombia es un Estado Social de Derecho en forma de República unitaria, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, añadiendo otras características.

Pero ahora, la cruda realidad nos hace dudar que Colombia sea una República unitaria, ya que en muchos de sus tramos hemos sufrido dolorosas mutilaciones. En efecto, Colombia ha sufrido desmembraciones a lo largo de la historia, porque por distintas razones ha perdido una buena parte del territorio continental, así como de las islas y de la plataforma submarina. Esos kilómetros cuadrados y millas marinas han quedado en poder de Venezuela, Perú, Nicaragua y Panamá. Basta con observar los mapas del siglo XIX y los del comienzo del siglo XX para compararlos con los actuales y sacar las dolorosas conclusiones.

Hacia la década de 1960, existían cinco repúblicas independientes conocidas como Marquetalia, Riochiquito, Rionegro, El Pato y otra más. Fue cuando el gobierno de Valencia ordenó su recuperación, pero con posterioridad nacieron o se fortalecieron las actuales guerrillas, con su dramática secuela.

Hoy buena parte del campesinado ha sido desterrado del suelo que lo vio nacer. La pobreza, el desempleo, la drogadicción y la delincuencia aumentaron. La violencia aún azota a pueblos y veredas. Muchos empresarios del campo y la ciudad debieron abandonar sus regiones, víctimas de amenazas y atentados. Por centenares se han exiliado en otros países de América y de Europa. Otros compatriotas sufren el flagelo del secuestro con el consiguiente dolor y angustia para familiares y allegados. El centralismo asfixia a las provincias, que carecen de estímulos financieros y libertades administrativas.

Pero aparte de la unidad territorial, nos ha faltado la solidaridad, respeto y defensa de los derechos fundamentales de las personas. Deberíamos tomar en la cuenta que la historia tiene que ver con la modelación del alma nacional, con el civismo y con la personalidad intelectual de un pueblo. No se debe olvidar que cada generación tiene que aportar algo para contribuir solidariamente a la unidad nacional, haciéndola respetar frente a los demás países extranjeros. Allí deben hacer presencia quienes pretenden ejercer un liderazgo político, en defensa de las instituciones dentro y fuera de las fronteras.
 

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