Muñecos caracterizados como el expresidenye de Perú Alberto Fujimori, vestido como presidiario, son expuestos para la venta en Lima.

Las autoridades peruanas quieren acabar con una de las tradiciones populares de Año Nuevo, la quema de representaciones de algunas de las figuras más rechazadas del país, por la alta contaminación que generan.

Varios municipios limeños reiteraban este lunes sus advertencias sobre las multas que estarán vigentes para quienes prendan fuego a los muñecos de fin de año, luego que el propio ministro de Ambiente peruano, Manuel Pulgar-Vidal, solicitará evitar actos de contaminación en una ciudad que superó sus niveles máximos por los fuegos artificiales lanzados en las fiestas navideñas.

"Nuestra capital es una ciudad con mucho material particulado porque vivimos en un desierto, hay mucho polvo en suspensión", alertó el ministro.

"Invocamos a la población a que no quemen muñecos ni llantas", reiteró al subrayar que la quema genera dióxido de azufre y material particulado que incide en enfermedades bronco respiratorias.

La contaminación del aire limeño ya superó en 24% el límite máximo permitido por los fuegos artificiales lanzados en Navidad, informó el ministerio de Ambiente.

Los principales centros comerciales del centro de Lima ofrecen estos días los muñecos de las personalidades que marcaron el año 2013.

Entre los más solicitados están los del técnico uruguayo Sergio Markarián, que no logró clasificar a Perú al Mundial de Brasil 2014; Juan Manuel Vargas, futbolista peruano de la Fiorentina (Italia) involucrado en un escándalo con una modelo; el presidente Ollanta Humala y su esposa Nadine, por rechazo a políticas de su gobierno; y algunos congresistas, acusados de corrupción.

"A Markarián muchos quieren quemarlo por su fracaso con la selección, y al 'loco' Vargas por tramposo (infiel)", dijo a la AFP Ronald Ramos mientras vendía sus muñecos en un local comercial del centro de Lima.

Los muñecos tienen un costo de hasta 15 soles (unos 10.000 pesos), y suelen colocarse en calles de barrios populares minutos antes de la llegada del nuevo año.

"La quema de muñecos y fuegos artificiales propaga partículas de azufre, hollín y cenizas de metales que afectan a la población hasta más de 6 horas después", dijo a la AFP el ingeniero José Silva, del Servicio Nacional de Metereología e Hidrología (Senamhi).

La costumbre, que tiene arraigo en antiguas prácticas indígenas andinas de aplicación de la justicia popular, permite a los ciudadanos dar rienda suelta a su cólera contra los personajes más ingratos del año, a quienes simbólicamente se les da una paliza y luego se los quema en medio de bailes.

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