No hay palabra que mejor describa la magistral actuación de la Selección Colombia de Fútbol que esa: histórico, porque se ha avanzado a donde nunca habíamos llegado en una Copa del Mundo, es decir a los cuartos de final donde solo acceden los 8 mejores de los 32 que comenzaron el certamen. ¡Y de qué manera! Ganando los tres primeros partidos de la serie de grupos ante Grecia, Costa de Marfil y Japón, y derrotando el sábado a un aguerrido, fuerte y en muchas ocasiones sucio equipo uruguayo.

Esta Selección que dirige el argentino José Néstor Pekerman está mostrando tantas cosas buenas, y distintas, respecto de otras que también nos hicieron soñar con grandes gestas mundialistas. Como aquella del Pibe Valderrama, compuesta por elementos de calidad enorme futbolística como Asprilla, Valencia, Rincón, Córdoba, pero de muy pobre personalidad y de un ambiente más festivo que serio. Esta, la de ahora, tiene la casi totalidad de sus miembros jugando en Europa, y no solo eso sino que la mayoría es figura en sus respectivos equipos de primer nivel.

A su vez, el técnico Pekerman ha logrado lo que otros técnicos nuestros no pudieron: aislar al equipo de tantas influencias nocivas externas, de la exagerada exposición mediática donde el periodismo terminó haciendo más daño que beneficio, y de mucho dirigente alrededor que convertía al equipo en un mercado persa de transacciones de pases de jugadores. El argentino puso sus condiciones, la Federación de Fútbol tuvo el acierto de aceptarlas y en buena parte vamos bien justo por ello, por esa autonomía que se le concedió y que él ha sabido corresponder con resultados.

Y tenemos una camada impresionante de jugadores con otra mentalidad: la de ganadores, la de los que saben para dónde es que van, la de los que no se dejan enredar por distracciones ajenas al fútbol. James, la superstar revelación del Mundial; Cuadrado que cotiza día a día su calidad; Yepes, el gran capitán que se ha jugado con el alma cada bola; Teo y Jackson, que ya anotaron y probaron sus condiciones natas de goleadores; Ospina, hoy por hoy uno de los mejores arqueros del planeta; Armero, Zúñiga y Zapata, productivos y alegres. Y una nómina de lujo en el banco que ya mostró todo su potencial ante los japoneses.

Viene ahora Brasil, el anfitrión, que ha mostrado más deficiencias que virtudes, que a muy poco estuvo de ser eliminado por Chile y que hace añorar a tantos buenos equipos de ese país que nos hicieron amar el que ellos mismos llaman el “jogo bonito”. Pero es Brasil, una selección que está en deuda con su afición y que tiene el alto compromiso de hacer valer esa condición de anfitrión.

Todo eso nos da derecho a soñar tan lejos como creemos que llegará este equipo que está descrestando al mundo. ¿Cuánto? El camino que queda es duro, cada vez más. Pero lo ya logrado es histórico. Eso es ya una ganancia.

“Pero lo ya logrado es histórico. Eso es ya una ganancia”.

Editorialito

Termina la fiesta del San Pedro con el mismo espíritu fiestero de todos los años, enfrentado a un mundial que le quitó visitantes. Queda ahora el balance. Muchas cosas buenas, otras no tan to, avances, aciertos y deficiencias. Una mirada crítica será necesaria para que la proyectada corporación pueda comenzar de cero, con grandes fortalezas.

 

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