Mientras en Latinoamérica muchos gobiernos democráticos, libran una denodada lucha contra los monopolios y las trasnacionales que abusan de las naciones incapaces de defender su soberanía e independencia, sometiéndolas a diversas formas de expoliación económica, en Colombia las áreas fundamentales de su actividad económica se encuentran sometidas al poder y dominio de grandes monopolios, la mayoría de ellos trasnacionales. El sector financiero en manos de 3 conglomerados internacionales y 5 nacionales, mantiene las tasas más altas de intermediación en el mundo, superiores al 12% anual y les genera a estos grupos ganancias cercanas a los 20 billones de pesos. El sector minero energético, en manos de otros 6 grandes consorcios internacionales, le paga al país las regalías más bajas en todo el continente, y viene produciendo los mayores desastres ecológicos, como se ha visto con el carbón y el petróleo, especialmente ahora que se ha introducido la tecnología del Cracking. Cinco grandes laboratorios que producen medicamentos biotecnológicos necesarios para combatir las enfermedades catastróficas como el cáncer, el sida, la diabetes mellitus, la hepatitis C, y otras similares, someten al país a precios de usura entre 100 y 1.000 veces por encima de los costos de producción, atenidos al monopolio de las patentes, impidiendo que los pobres tengan acceso a los mismos y causándole al estado un desangre en su presupuesto de salud, que ha sido estimado en un monto cercano a los 3 billones de pesos anual. La multinacionales de insumos agropecuarios (semillas, abonos insecticidas, fungicidas, etc.) también hacen fiestas con nuestro productores rurales, con precios por encima del resto de países latinoamericanos. Basta comparar los precios del kilo de urea, los fosfatos o el potasio con nuestros vecinos de Ecuador y Venezuela para comprobar este aserto. La concentración es aún mayor en las telecomunicaciones.

De verdad son pocas las actividades económicas donde opera el libre juego de las fuerzas del mercado y en donde la ley de la oferta y la demanda, sirve para regular los precios y la producción. En la mayoría de actividades comerciales existen posiciones dominantes de monopolios que imponen precisos abusivos, mala calidad de sus productos y causan grandes desajustes en la economía. Todo esto ha sido favorecido por uno de los huevitos del ex presidente Uribe llamado “la confianza inversionista” que es darle carta blanca a los monopolios para que abusen del país. Esto no ha sido corregido por Santos, quien sigue igual de servil que su antecesor ante los verdaderos dueños del país. Será difícil construir crecimiento económico con equidad y bienestar para todos, si no se frena el poder desbordado de los monopolios, y eso significa cambiar el actual modelo económico neoliberal, por otro de tipo pluralista, con claras leyes antimonopolio y que busque un equilibrio entre tres formas de propiedad<: la pública, la solidaria y la privada no monopolista.

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