« Cuidado, permanezcan despiertos, porque no saben cuándo se cumplirá el último plazo. » (Marcos 13, 33-37)

El año civil y el año litúrgico no coinciden. El año civil empieza el 1 de enero y el año litúrgico se inicia hoy, I Domingo de Adviento. Este tiempo se caracteriza por la atmósfera de expectativa ante la próxima venida de Jesús invitándonos a prepararnos para este acontecimiento.

Estamos tan familiarizados con la Navidad que hemos perdido la capacidad de sorprendernos ante ese acontecimiento que partió en dos la historia de la humanidad; hablamos de antes de Cristo y después de Cristo.

Los grandes protagonistas del Adviento son el profeta Isaías, Juan Bautista y María. Nos referiremos a ellos a medida que los textos bíblicos los presenten a nuestra consideración.

Adviento es el tiempo del discurso escatológico, en donde aparecen expresiones como: “estar dormidos” y “estar despiertos”. Estos dos verbos expresan dos estilos o maneras de vivir la espera del Señor que llega. “Estar dormidos” es sinónimo de vivir desconectados de las preocupaciones espirituales en razón de estar inmersos, de manera exclusiva, en los asuntos materiales. Muchas personas van caminando por la vida sin brújula, pues nunca se preocupan por definir un proyecto de vida que trascienda el presente. Algunos buscan respuesta a sus interrogantes existenciales en la nueva era. Allí, entre cuarzos, inciensos y gurús que cobran altos honorarios por enseñar unas cuantas técnicas de respiración, esperan encontrar la paz interior.

Estar despiertos, es buscar activamente cuál es el plan de Dios sobre nuestras vidas, es estar atentos a los procesos sociales que estamos viviendo para orientarlos en la justicia y el amor. No podemos olvidar que somos colaboradores en obra creadora de Dios y que nuestra gestión será evaluada cuidadosamente.

Algunos viven este “estar despiertos” con sobresalto, llenos de temores, creyendo que está cerca el fin del mundo; estos temores los paralizan para la acción y el compromiso. Las interpretaciones trágicas del presente y del futuro no son sanas: por el contrario, debemos amar apasionadamente lo que hacemos. La mejor manera de estar vigilantes es asumir, con responsabilidad y alegría, nuestras tareas diarias.

En este Primer Domingo de Adviento, la liturgia nos invita a prepararnos para el misterio del encuentro entre Dios y sus criaturas, entre el infinito y la finitud que somos nosotros, encuentro que se realiza en la sencillez del pesebre de Belén. Cristo sigue presente en medio de la historia. Unas veces se manifiesta en el gozo del amor familiar y en el servicio alegre a los demás; y otras veces de manifiesta en la soledad de los ancianos y enfermos, en el drama de los desplazados y excluidos. Preparémonos para la venida del Señor creando un clima de silencio interior que nos permita escuchar su palabra y percibir la acción del Espíritu Santo que habita en nuestro interior.

NOTA: Hoy comienza el AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA, felicitaciones a todas la Congregaciones Religiosas por este año de gracia. En nuestras Parroquias celebremos su presencia en medio de nosotros.

Sugerencias al e mail: elciast@hotmail.com
 

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