Fotos: Everth Sánchez Henao.

Fotos: Everth Sánchez Henao.

Alegre, divertido, espontaneo, con una gran calidad humana y apasionado por el fútbol; así era el docente Rubén Darío Castro Garzón, quien falleció el fin de semana cuando precisamente estaba haciendo lo que más adoraba en la vida, jugando un partido con sus amigos en las canchas del barrio El Cortijo de Neiva.

A sus 47 años, este ejemplar profesor partió de forma inesperada de este mundo, cuando hacía deporte una actividad rutinaria en su vida cotidiana. “Él estaba normal, haciendo lo que más le apasionaba, jugando un partido de fútbol con sus amigos, en un campeonato que se disputa los fines de semana en la cancha del barrio El Cortijo. Estaba feliz, alegre como siempre, de repente fue a recoger el balón para cobrar un tiro libre y se desplomó en la cancha, quedó inconsciente, sus amigos lo recogieron para tratar de ayudarlo”, dijo a LANACIÓN.com.co, Paula Andrea Castro Rodríguez, su única hija.

 

Luego todo fue confusión, sus amigos estaban desesperados, pidieron ayuda, llamaron a los organismos de emergencia y esperaron por varios minutos una ambulancia que nunca llegó. Algunos vehículos que estaban en el lugar también se negaron a llevarlo, solo hasta que un taxista de buen corazón se detuvo, pudieron trasladarlo hasta la ESE Carmen Emilia del barrio Las Granjas, donde llegó sin signos vitales.

Eso fue al mediodía, a las 12:00 p.m., del pasado domingo 29 de marzo, estaba jugando con el cuñado y con sus amigos, luego se desmayó, no dijo nada, quedó inconsciente, con muchas dificultades lo llevaron a la ESE de Las Granjas, pero no, ya estaba muerto, no estaba con nosotros. Los médicos solo han dicho que fue muerte natural, pero hasta el momento no me han dado la historia clínica, ni nada, no sé nada”, indicó con dolor la joven.


 

Posteriormente la trágica noticia se difundió en la ciudad, el docente Castro Garzón había fallecido de forma inesperada, haciendo ejercicio, como siempre lo había hecho, sus familiares, amigos, conocidos, colegas y alumnos no podían creer lo que estaba pasando.

Incluso al indagar por las causas de su deceso y su estado de salud, sus familiares afirman que hace pocos días el educador se había sometido a unos exámenes médicos de rutina, donde todo salió bien.

 

Un admirable docente, padre y amigo

El primer trabajo de Castro Garzón fue en la escuela San José, en la zona rural de la capital opita, donde laboró por más de 15 años dando clases en la primaria. Luego con mucha experiencia y dejando un gran legado en esta institución, consiguió su traslado al casco urbano, donde laboró en el colegio La Normal Superior, allí estuvo muchos años, hasta que llegó finalmente a la institución Humberto Tafur Charry, sede Gabriel García Márquez, en el barrio Alberto Galindo, donde dictaba todas las materias en el grado quinto.

Le tocó hacer de papá y mamá a la vez, un buen hombre, un excelente padre, un admirable profesor, licenciado en ciencias religiosas, adoraba el fútbol, era lo que más le gustaba, por eso murió por su pasión. Todo mundo sabía de su calidad humana y nunca lo olvidarán”, aseveró su desconsolada hija.

El paso 23 de marzo Castro Garzón compartió uno de sus últimos momentos felices con su familia, estaba de cumpleaños y recibió muchas atenciones. “La pasó muy contento con las personas que amaba, con la esposa, en un almuerzo, con la familia, yo compartí con él cuando salí de trabajar en la noche, fue la última vez que lo vi con esa felicidad y su sonrisa inolvidable”, expresó en medio del llanto Paula Andrea.

El docente residía con su esposa en el barrio Manzanares, de la Comuna Seis de Neiva, era muy reconocido en la comunidad y estimado por su gran forma de ser como persona.

Sus allegados siempre lo recordarán por sus enseñanzas y legado que dejó durante sus 47 años de vida. “Era muy alegre, divertido, recochero, siempre le estaba sacando risas a todo, lo contagiaba a uno de esa buena energía, él a todo le vía chispa, era carismático, uno siempre lo veía contento, nunca estaba serio, fue una persona muy feliz”, aseguró su hija.

Sus colegas, amigos y alumnos le hicieron hoy a Castro Garzón un homenaje en la institución educativa donde laboraba, además se realizó una bonita serenata en la sala de velación 203 de la funeraria Los Olivos de la capital huilense. Sus exequias se llevarán a cabo a las 3:00 de la tarde de hoy martes, primero con una homilía en la iglesia Nuestra Señora del Carmen del barrio Timanco y luego su sepelio en el cementerio Jardines El Paraíso.

 

 

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