Nuevamente estamos en debate electoral. Esa es la democracia; que los ciudadanos escojamos a través del voto a los gobernantes o dirigentes que nos han de representar dignamente en la conducción del país, cuyos lineamientos están señalados por nuestra Constitución Política y las leyes. Este sistema democrático no tiene comparación decían los Romanos, porque define a la especie humana como parte de un principio divino, al igual que las religiones Judía y Cristiana, que defendían los derechos de los menos privilegiados y la igualdad de todos; así contribuyeron a desarrollar la teoría democrática moderna. Entonces, si la mayoría de los procedimientos utilizados por las democracias modernas son tan antiguos y todos los ciudadanos están dentro de ese sistema, ¿por qué el proceso de socialización y formulación de las políticas públicas para los habitantes de la calle no caben en esa democracia? Se sabe que la falta de ingresos propios es una de las características principales de la indigencia. La ausencia de esas políticas no tienen excusa, porque es una obligación garantizar y proteger los derechos fundamentales de todos, incluida ésta población que es parte de la sociedad y que por alguna sinrazón fue abandonada a su propia suerte. A los habitantes de la calle se les tiene que restablecer sus derechos para lograr su atención integral, rehabilitación e inclusión social. A ésta población no se puede seguir perjudicando, violando sus derechos humanos de manera generalizada. Su estado de debilidad manifiesta se agrava por la precaria situación económica que acompañada de una crítica afectación de la salud física y mental, viene como consecuencia de la falta de vivienda que repercute gravemente en sus derechos, como la vida, la salud, la educación, la protección familiar, la seguridad social etc. Si el Estado arbitrariamente concebido y desmejorado como lo conocemos, tiene a la democracia como el único sistema capaz de exprimir a los ciudadanos con tantos impuestos, ¿por qué ha dejado que vivan en la miseria los habitantes de la calle? La distancia invisible que existe entre los afortunados y los desgraciados acentúa terriblemente la exclusión que sienten los abandonados por todos los gobiernos. Olvidan que un indigente es una persona como cualquier otra, pero que vive en condiciones de abandono y miseria. A los indigentes ningún gobierno los tiene en cuenta en sus registros e inventarios, razón por la cual,  su situación es cada vez más grave. Tal es su desgracia que en las campañas politiqueras no los mencionan. Es obligación de los alcaldes, recuperarlos como seres humanos, y tratarlos como ciudadanos plenos, estableciendo programas dirigidos a fortalecerles la autoestima.

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