El 2 de octubre pasado, luego de que 15 días antes se hubiese oficializado mi precandidatura a la alcaldía de Neiva, escribí mi primera columna de opinión en este diario. Allí consigné el nacimiento de una iniciativa ciudadana basada en la corresponsabilidad, entendiendo este término como la responsabilidad compartida de un grupo de individuos de una o varias generaciones a quienes nos unían un compromiso (obligación) de participar en la construcción de nuestra sociedad.

Hoy, 10 meses después, podemos decir con satisfacción que hemos logrado vencer la apatía de una gran parte de nuestra ciudad y hemos sumado miles de voluntades a un proyecto que permite soñar en la construcción de una sociedad más igualitaria, más competitiva y con seguridad para todos.

La identificación de las necesidades más sentidas de la sociedad, el juicio con el cual hemos abordado la formulación de soluciones y la cercanía que hemos desarrollado con nuestros neivanos basados en el diálogo abierto y popular, nos han permitido resaltar en un mundo político que parecía propiedad de unos pocos. Bajo la congruencia de la palabra y el comportamiento, sin soberbia y sin sentimiento redentorista. Hoy con tranquilidad y sin caer en eufemismos podemos decir que somos la más pura manifestación de cambio hacia la profesionalización del servicio público, que tiene en la propuesta de gerencia con eficiencia y ejecución, el motor de trasformación social para nuestra ciudad.

Importante resaltar un comportamiento nuestro al haber sido absolutamente respetuosos de la Ley; valga la pena decir fuimos la única campaña que no incurrió en delito electoral, al cohibirnos de caer en la tentación de transgredir la ley que prohíbe la publicidad extemporánea. Esto en contra de la necesidad al tener el candidato que menor reconocimiento público de todos los participantes. Pero si mostrábamos proclividad al simple hecho de la publicidad extemporánea como candidatos, evidenciaríamos con hechos lo que podría esperarse de nosotros en el caso de ser elegidos para tal responsabilidad.

Enfrentaremos los próximos tres meses de campaña, con entereza estratégica, denodado esfuerzo físico y suficiente agudeza mental, para seguir sumando a los Neivanos en su apoyo a nuestro proyecto político y a un gran equipo de trabajo que desea labrar el cambio que tanto necesitamos.

Hago público reconocimiento a mi más importante soporte en esta causa, a mi esposa Ángela María Fadul Liévano y a mis hijas, por darme la oportunidad de sacrificar valioso tiempo de nuestra familia, para atender menesteres ciudadanos. Sin su apoyo hoy no tendríamos la fortuna de ser la candidatura que más crece en intención de voto y la verdadera opción de cambio.

En beneficio de la igualdad, hoy dejo de escribir en esta columna que generosamente me ha prestado LA NACIÓN. Me comprometo volver a usar esta columna por una vez, el próximo 1 de Noviembre agradeciendo a los Neivanos como alcalde electo. ¡Siempre adelante, ni un paso atrás y lo que fuere menester, sea!

Comentarios