Optaré por hacer una especie de popurrí de opinión esta vez, para tratar de integrar dos temas recurrentes y aparentemente disímiles.

Los médicos, bueno, ellos no podrán ser perfectos e incluso algunos tienden a pensar que son blanco de la envidia de las demás profesiones por cuenta de sus jugosos salarios, estatus y la no muy despreciable habilidad de salvar vidas; pero por otro lado, hay que hacer eco a la denuncia de algunos egresados que por esta fecha están pasando por la pesadilla de su año rural.

Y no es pesadilla por atender en un pueblo, la vocación del galeno, no distingue entre un herido por arma blanca de ciudad o de gallera veredal.

Todo sería perfecto, si el tan famoso servicio social obligatorio de los recién graduados, transcurriera dentro de lo que podría llamarse “normalidad”, que su misión estuviera únicamente enfocada en curar y salvar vidas y no en sufrir por los tramites de su contrato.

A la fecha, muchos médicos rurales con plazas asignadas se encuentran en un dilema de grandes proporciones, por un lado las ESE municipales pasan por un proceso de reestructuración y cambio como consecuencia de la elección de los nuevos gerentes de los hospitales, por otro lado a partir de la entrada en vigencia de la resolución 1058 de 2010, la prestación del servicio de medicina se ha venido originando a través de contratos de prestación de servicios y no como contratos laborales de planta dentro de las instituciones.

Si sumamos esos dos elementos altamente peligrosos nos arroja un resultado decepcionante: médicos sin sueldo, sin seguridad social, sin horas extras, con muchos turnos, pero sobre todo sin contrato. ¡hecho cumplido! Dirían los expertos en contratación, y en efecto así está pasando en muchas instituciones del Departamento, Gerentes interinos recibiéndolos y entregándoles carga de trabajo sin siquiera darles a conocer su modo de vinculación.

Y como suele pasar todos los días, cada hora, cada minuto y cada segundo en este país, los entes de control y autoridades administrativas juegan al “tingo-tango” para encontrar responsables ante dicho problema.

Por otro lado están las oficinas de atención a las víctimas del conflicto armado, instituciones encargadas de darle forma a la ley de víctimas.

La pregunta es, ¿llega uno en calidad de víctima y es normal salir re victimizado?, lo digo con conocimiento de causa, las actuaciones que se surten desde Bogotá, son temerarias a todas luces, las tutelas no se contestan, los incidentes pasan a un segundo plano, las ayudas humanitarias son escasas y para colmo de males, solo para ser oído se requiere ir al Centro Comercial Los Comuneros en la madrugada para “sacar cita”.

Las cifras de ayuda humanitaria que muestran no son más que eso en mucho de los casos: Cifras. Lo que anunció el gobierno Nacional como la panacea de las herramientas de Justicia Transicional se fue a pique y actualmente su presupuesto se ha visto reducido considerablemente.

Al final el popurrí no estuvo tan descabellado, al final, queda claro que las víctimas son los ciudadanos de a pie, que ante situaciones como las narradas son los más perjudicados, ya sea en un hospital o en una oficina burocrática, el Estado es polivalente a la hora de incumplir con sus funciones constitucionales mínimas.
 

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