Esta es la increíble historia de Carlos Andrés Quintero Valderrama, un joven de 21 años de edad, quien se puso a jugar con una tabla ouija y posteriormente resultó poseído por un espíritu que lo llevó a acabar con su existencia en un potrero del barrio Remolino, en el municipio de La Plata.

Todo comenzó cuando Carlos Andrés intentó comunicarse por medio de esta tabla con el espíritu de una amiga que había fallecido meses atrás y que según le había manifestado a sus amigos lo estaba atormentando.

Los que lo conocía dicen que en los últimos días el joven se le veía trastornado, silencioso y al parecer, habría intentado acabar con su existencia en varias ocasiones sin lograrlo.

Pero la tragedia llegó, luego de haber jugado con la tabla ouija, Carlos Andrés salió de su casa y nunca más regresó. Solo hasta ayer, a las 11:00 de la mañana, su cuerpo sin vida fue encontrado en un potrero que solía frecuentar en inmediaciones al barrio Remolino.

El joven de 21 años de edad, estaba boca arriba sobre la maleza de la zona boscosa, tenía una camiseta con letras azules y un pantalón corto, con su sangre seca por el sol que ascendía hacia el mediodía. El antebrazo y el brazo de su mano izquierda tenían profundas cortadas.

Los que encontraron su cuerpo ya no podían hacer nada el joven ya no tenía signos vitales. “La noticia de que Carlos se había quitado la vida corrió rápidamente, todos salieron a ver qué le había pasado, sin embargo, no se pudo hacer nada por él y llamamos de inmediato a la Policía”, relató un habitante.

Llamaron a las autoridades y los uniformados llegaron, cinta en mano, a realizar la inspección al cadáver. Las unidades de la Sijín, luego de tomar las fotografías y muestras de objetos encontrados en el potrero, realizaron el levantamiento del cuerpo, el cual trasladaron hasta la morgue de Medicina Legal en el municipio.

Aunque los agentes del caso se encuentran haciendo las investigaciones pertinentes para determinar las posibles razones del suicidio, en el pueblo siguen los rumores afirmando que, luego de la muerte de su amiga, el joven se había dedicado a jugar con la tabla ouija para invocarla y hablar con ella, por lo que el espíritu de la invocada lo había poseído provocándole su muerte.

 

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