Están en la calle atrapados en el mundo de las drogas. Algunos buscan ayuda pero no la encuentran.
Luego de la reciente toma del Bronx en Bogotá, un lugar donde la indigencia, el narcotráfico, la criminalidad y el horror eran el común denominador, en ciudades intermedias como Neiva, las autoridades han prendido las alarmas para evitar una desbandada de habitantes de la calle.

En Neiva no hay Bronx, pero sí puntos en los que habitantes de la calle son más visibles y en los que se han establecido siendo más fácil de reconocerlos. Son sitios que de alguna forma generan cierta inseguridad y por los que algunos evitan pasar.

Aunque acá no hay ‘casas de piques’, ‘sayayines’ o ‘campaneros’ que gritan al ver llegar a la Policía, el abandono del Estado sí es evidente. Muchos de los indigentes reconocen que son enfermos, consumidores crónicos de estupefacientes.

En Neiva, aún no existe una política pública que permita resocializar a estas personas, quienes en algunos casos buscan ayuda, aunque algunos reconocen sus fallidos intentos por salir de su ‘Bronx’.

La intervención

LA NACIÓN, llegó hasta el corazón de la indigencia y las drogas en Neiva, y acompañó a más de 200 hombres y mujeres de la Policía Metropolitana, en un gigantesco operativo sin precedentes en el que intervinieron cuatro puntos álgidos de la ciudad.

Grupos de la Sijin, Unipol, vigilancia, guías caninos, fuerza disponible, inteligencia y Esmad, permearon por más de ochos horas el sector debajo del puente de la carrera 5 con Avenida Circunvalar; el puente de la carrera segunda con Avenida circunvalar; la zona verde a orillas río del Oro; la carrera quinta con carrera segunda parte posterior de la Hostería Matamundo, y por último el sector de la zona verde de la glorieta al monumento de la Madre Tierra,  orilla río del Oro y Magdalena.

Allí el panorama no podía ser el más desagradable, el fétido olor a excremento, toneladas de basura y reciclaje, son parte del paisaje.

Improvisados cambuches armados con pedazos de tela, caucho y hasta partes de carros se convierten en los ‘palacios del consumo’ por parte de los habitantes de la calle.
Jeringas, pipas, marihuana, todo se puede encontrar allí. La visita inesperada de la Fuerza Pública siempre caldea los ánimos de algunos de ellos que responden a  madrazos y se oponen a las requisas.

Al ver a la Policía los indigentes comienzan a decir que no le hacen daño a nadie y que lo que consiguen es dinero producto de la venta en su mayoría de reciclaje y que es para su consumo personal.

Algunos, saben que no pueden ser ultrajados, y por eso piden la presencia de Derechos Humanos. Durante el proceso de intervención a estos sectores subnormales, la presencia de la Personería, Dirección de Justicia y Espacio Público es obligatoria, estos últimos fueron los encargados de derribar los cambuches.

Otros en medio de su ‘viaje’ por el mundo de las drogas y al ser despertados lloran y piden como niños pequeños la presencia de sus padres y familiares.

“Acá no tenemos tanta presencia de habitantes de calle, no podemos compararnos con el Bronx en Bogotá, pero sí hacemos parte de esas ciudades intermedias en las que hay que ejercer un control para evitar el crecimiento de esta población”, detalló el teniente coronel Germán Blanco Ortega, comandante Operativo de la Menev, quien lideró la intervención.

¿Qué se encontró?

Dentro de la intervención, fueron conducidas 65 personas (habitantes de la calle), entre ellos 55 hombres, 12 mujeres (dos embarazadas) y 2 menores de edad.

Cada uno fue identificación plenamente con dispositivo Morfo Rap, lo que permitió saber en tiempo real si tenían antecedentes judiciales.

Los uniformados de la Metropolitana encontraron 23 armas corto punzante, 8 pipas para el consumo de alucinógenos y cinco botellas de pegante. Se desmantelaron 13 cambuches.

Y es que para el Coronel Juan Carlos León Montes, comandante Policía Metropolitana de Neiva, quien llegó a la zona intervenida, lo principal es la identificación de estas personas así como sus lugares de origen.

“Identificamos a todas estas personas, sus lugares de origen. Si tienen algún tipo de antecedente penal con el acompañamiento de la Dirección de Justicia, Personería Municipal, para analizar si se pueden reubicar a estas personas en otro lugar de la ciudad”.

Para el alto oficial en estos lugares se han formado asentamientos y por eso se procedió a hacer su respectiva demolición.

“Acá se evidencia el tráfico y consumo de estupefacientes y toneladas de basura. Se han encontrado armas blancas, estupefacientes, no es raro que se encuentren hasta armas de fuego. Por eso Las unidades están verificando cambuche por cambuche, lo que permite hacer un control al tráfico de estupefacientes en la ciudad”, explicó.

Ante la posible desbandada de indigentes provenientes del Bronx en Bogotá para ciudades intermedias como Neiva, explicó que ya alistaron controles en la carretera. Pero hasta el momento no ha llegado nada a la capital huilense.

Seguirán en la calle

León Montes, reconoce que en la ciudad no hay un lugar específico donde se puedan albergas estas personas. “Estamos coordinando con la Secretaria de Desarrollo, para poder llevar a estas personas a unos sitios en donde puedan ser atendidos. Neiva, por el momento no tiene un lugar donde se puedan concentrar”.

Muchos de ellos piden que los chequee un médico, hay personas mayores de edad que están enfermas. Mujeres en estado de gestación, quienes deberán ser valoradas.

“Se ha detectado presencia de estas personas en algunos barrios de la ciudad. Aunque no son mayoría permanecen allí y la comunidad ya sabe quiénes son. Necesitamos evitar el aumento de estas personas en la ciudad”, comentó el Coronel León Montes.

La vida en la calle

Rubén Darío Gómez, más conocido en la calle como ‘Mike’, es de Girardot, un buen día decidió irse de recolector de café a Chinchiná, Caldas. No sabe cómo de un momento a otro llegó al mundo de la calle y el consumo de bazuco.

Estando en Girardot, era chofer de taxi, trabajaba en lo que saliera. Cuando llegó a Neiva, tenía en sus bolsillos 350 mil pesos, los cuales había ganado producto de la recolecta de Café en Chinchiná.

Comenzó a buscar a su familia pero no pudo encontrarla. Después de cinco años se llevó la sorpresa de su vida. Escarbando dentro de la basura, la suerte le sonrió. Se encontró la suma de 75 millones de pesos.

Recuerda ese acontecimiento como algo bonito y sorprendente. Con ese dinero comenzó la búsqueda incesante de su progenitora y fue en Rivera, donde encontró a una tía que le dio luces del paradero de ella.

Ella, al darse cuenta de la suerte que había tenido su sobrino, lo único que le manifestó fue que se acordara de la mamá y de los hijos de él, a quienes tenía a su cargo.
Son tres hijos, dice que están mayores y que el primero ya lo hizo abuelo. No lo conoce.

El suceso del dinero ocurrió en la basura que estaba afuera del centro comercial Metropolitano en pleno corazón de la ciudad. Mike comenta que siempre le gusta escarbar bien. La bolsa de basura donde encontró el dinero tenía hojas de tamal por encima.

“Meto la mano bien al fondo porque allí es donde están todas las cosas que me sirven para reciclar y luego vender. En ese momento me encontré un fajo de billetes de 50 mil pesos y después un sobre de manila con el resto del dinero”.

Relata que cogió la bolsa, dio media vuelta y salió con rumbo desconocido. Pero alguien murmuró que ese dinero iba a ser destinado para pagar una extorsión.

Con el dinero, lo único que hizo fue pensar en su familia. La tía le contó que la mamá estaba viviendo en Rivera. “Cuando fuimos a Rivera con mi tía Marina, vi la situación crítica en la que estaba mi mamá. Ella era una mujer pensionada que no le faltaba nada. En Girardot tenía una casa y vivía del arriendo. Ella vendió todo pero no sé qué pasó con todo eso”.

‘Mike’ al darse cuenta que su progenitora había vendido la casa de Girardot y que en Rivera estaba pagando arriendo, decidió comprarle una vivienda.

“Me costó 36 millones de pesos de contado. Le compré de todo; televisor, equipo de sonido. A mis hijos les compré una motocicleta. Al menor, bicicletas pues a este le gusta el deporte”.

Sin embargo, no todo podía ser dicha para el hombre quien ya perdió la cuenta de los años que lleva en la calle. Al parecer los dueños de la plata que se había encontrado comenzaron a buscarla, su progenitora decidió vender la casa en Rivera y regresar a Girardot.

“Viniendo de Rivera a Neiva, unos manes me atravesaron una camioneta, tenía vidrios polarizados y me dijeron súbase. Usted nos tiene una plata. Pero resultó que ellos no eran los dueños del dinero. Eran otros ladrones. Me esposaron como si fueran policías”.

Cada día de por medio habla con la mamá y sus hijos. Lamenta la situación en la que está. Reconoce que ha intentado salir de ese mundo de la indigencia y el consumo de bazuco, pero no ha podido y las veces que ha estado en fundaciones ha fracasado en su intento.

¡Que viva el amor!

Erick Alexander Mora Patiño, está en la calle hace 17 años, lo apodan el ‘costeño’ y desde hace cinco meses comparte cambuche con Diana Marcela Ramírez, su pareja.
“Tenemos una relación excelente. Ella me corresponde y yo igual como pareja. Nos conocimos en la calle”.

Y como dice la frase: La vida les ha dado muchas vueltas. Ambos tenían sus familias pero el consumo de la droga los llevó a estar inmersos en el mundo de la indigencia.

Erick, es cartagenero, tenía un futuro promisorio como diseñador, hacia estampados y tenía un taller de pintura. Tiene familia, todos están en Cartagena de Indias. Llegó a Neiva a aventurarse, pero recayó en el vicio.

En el día hacen muchas cosas para no aburrirse, dicen que pelean como toda pareja pero siempre arreglan las indiferencias.

“Andamos juntos para todos lados. Si Dios permite estaremos juntos para toda la vida. Vienen un bebé en camino”, sentencia Erick.

Por su parte Diana Marcela relata que ha estado algo enferma. “He estado muy malita, ya tengo un mes de embarazo”. Tiene 32 años de edad y llegó ya hace algunos años a Neiva proveniente de Florencia, Caquetá.

Fuera del bebé que está esperando con el ‘costeño’, ya tiene una hija de 15 años de edad. “Por la salud del bebé que viene en camino le he dicho a Erick, que busquemos otros rumbos, que cambiemos. Soñamos tener una familia, que nuestro hijo lo podamos llevar al jardín, tener una vida normal. Necesitamos una casa y un trabajo para poder salir de la indigencia”, relató Diana quien está desde hace cinco años en la calle, consumiendo bazuco.


En los lugares intervenidos LA NACIÓN, encontró mujeres, hombres y menores de edad, quienes viven en condiciones deplorables. 


Erick Alexander Mora Patiño y Diana Marcela Ramírez, se conocieron hace cinco meses y esperan un hijo.


La intervención contó con la presencia de más de 200 hombres y mujeres de la Policía Metropolitana de Neiva.

 
 

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