Algunos de ellos señalan que trabajan por necesidad, pero sin abandonar sus estudios.
Son las 6:30 de la mañana y *Mateo, de 10 años de edad ya ha vendido seis libras de yuca y cuatro kilos de plátano verde. Trabaja desde hace un año en la central de abastos de Neiva. Allí llegó buscando ganarse unos cuantos pesos para ayudar en su casa.

Su jornada comienza a las 5:30 de la mañana, a esa hora empieza a moverse el mercado. A sus escasos 10 años de edad, cree que está aprendiendo a ganarse el dinero honradamente. Cuenta que no ha abandonado el estudio pues va en las tardes a la escuela. 

“Toca aprender a ganarse la vida. La situación no está muy buena y en mi casa, el dinero que lleva mi mamá no alcanza. Tengo dos hermanos menores y toca responder por ellos”, cuenta a LA NACIÓN, mientras ofrece el producto a quienes pasan merodeando para llevar el mercado.

No son casos aislados

Unos cuantos puestos más arriba donde permanece el pequeño Mateo, está *Lucía, ella tiene 15 años de edad, vende frutas. La que escoja a buen precio, es el saludo apenas nos ve llegar.

“No hay más opciones, toca aprender desde pequeños a trabajar. Lamentablemente no lo hemos podido tener todo en la vida”, dice. Ella sabe que no está en edad de trabajar, pero lo hace para ganarse sus propios pesos y así costearse sus cosas personales. Eso le ayuda a alivianar la carga en su casa.

Está cursando noveno de bachillerato trabaja en Surabastos, tres veces a la semana, los días de mayor movimiento. Para alcanzar a hacer las tareas utiliza gran parte de la noche.

“Madrugo a trabajar y a las 9 o 10 de la mañana ya estoy de regreso a la casa. Por muy mal que me vaya me pagan el turno”, explica la joven que hace un mes celebró sus 15 años.

Ambos hacen parte de ese porcentaje que engrosa las estadísticas de trabajo infantil, entregados por el Observatorio Laboral de la Universidad El Rosario, en el que luego de un año de investigación posicionan a Neiva en el segundo lugar de ciudades donde los menores de edad más trabajan, antecedidos por Sincelejo.

Y es que en el país trabajaban 1.018.000 menores en el año 2015, lo que representa el 9,1% de la tasa nacional, según un informe del Observatorio Laboral.

Aunque esta cifra es menor en un 2% con respecto a la del año 2014, resulta preocupante el aumento de la tasa de trabajo infantil rural, que alcanza el 15,6%, señala el estudio de Erradicación del Trabajo Infantil.

Preocupante

A las autoridades les preocupa, pero esto no parece incomodarles a los pequeños que en medio de su inocencia venden dulces en semáforos, chicles y esencias en restaurantes y bares de la capital huilense.

Algunos piden un poco de comida y otros acudiendo a la lástima, conmueven el corazón de quienes están en la mesa o de aquellos que simplemente paran en el semáforo.

“Vea yo vendo dulces porque necesito, no tengo comida en mi casa, en fechas especiales vendo rosas. Las ventas pueden estar buenas pero también hay días en que se sufre mucho”, comenta *María, quien vive con sus papás en el barrio Panorama en el suroriente de Neiva.

Ella al igual que dos de sus hermanos, salen los jueves, viernes y sábados a recorrer los bares de la Calle 21. Sus papás también, ellos no tienen empleo y acuden a la informalidad.

El panorama es crítico, y las cifras lo demuestran. De Acuerdo con Iván Daniel Jaramillo, investigador del Observatorio Laboral, el índice más alto está en la zona rural y es hacia allá que las autoridades competentes deben empezar a mirar. 

Entre las principales razones por las que trabajan los niños en el país, el informe de la Universidad del Rosario revela que el 39% lo hace porque le gusta trabajar; el 34% porque debe participar en la actividad económica de la familia; el 12% porque el trabajo lo forma, lo hace honrado y lo aleja de los vicios; y el 11% porque debe ayudar con los gastos de la casa y a costearse su estudio.

‘No somos el segundo lugar’

Pero para María Eugenia Alzate, directora regional del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, El Huila no ocupa el deshonroso segundo lugar. Ella es contundente en decir que de acuerdo con el Sistema de Información Misional del Icbf, el Huila no está en esa posición.

Para Alzate, la población de trabajo infantil está concentrada en los departamentos de Córdoba, seguido de Cesar y Bolívar.

De hecho, información entregada por el Sistema Integrado para la identificación, Registro y Caracterización y del Trabajo Infantil, señala que en el Huila aparecen 17.132 niños, niñas y adolescentes en situación de trabajo infantil.

“Aunque se ha intentado tener un diagnóstico acertado de esta situación, las cifras que están dando este sistema no corresponden a la realidad. No son convincentes. Ha habido una reducción, mínima”, explica.

Alzate advierte que las entidades gubernamentales tienen que empezar a trabajar y buscar estrategias que permitan la depuración de esta base de datos.

Ruta de atención

La Directora regional, del Icbf, explica que tiene varios programas para trabajar en armonía con las instituciones que están prestas a la erradicación del trabajo infantil.

“Trabajamos preventivamente, con un programa que se llama generaciones con bienestar el cual está presente en todos los municipios del Huila. Tenemos un equipo móvil que trabaja de manera preventiva en el restablecimiento de derechos, que es la parte de protección, allí se va de la mano con el Comité de Erradicación del Trabajo Infantil y la Defensoría de Familia”, expuso la funcionaria.

“Solo estudiando”

Para María Eugenia Alzate, el Icbf está en la obligación de asumir los costos que sean necesarios para lograr restablecer los derechos de los niños, niñas y adolescentes y señala que estos pequeños solo deben de estar estudiando y no estar trabajando.

Aunque hay una excepción y la ley de infancia y adolescencia es muy clara. Existe un permiso especial para los adolescentes que requieran trabajar.

De acuerdo con la ley de Infancia y Adolescencia, existe una jornada en la que ellos pueden trabajar dependiendo de ciertas edades.

Según Alzate, la jornada máxima de duración laboral de los adolescentes autorizados para trabajar en edades de los 15 años y menores de 17 años solo puede ser en tiempos diurnos máximo de seis horas y 30 horas a la semana hasta las seis de la tarde.

Los adolescentes mayores de 17 años solo pueden trabajar en una jornada máxima de ocho horas diarias, 40 horas a la semana solo hasta las ocho de la noche.

“Son trabajos que deben de estar autorizados por la autoridad competente que en este caso es el Inspector de Trabajo, el cual debe mediar con la solicitud de los padres de familia o del respectivo representante legal en caso de no contar con los primeros”.

Controles

A través del Comité de Erradicación del Trabajo Infantil, que lidera el Ministerio y la Oficina de Trabajo. En Neiva, son constantes los controles que se hacen con el fin de hacerle frente a la situación.

Concluye la representante del Icbf en el Huila, que dentro de las sanciones a las que pueden estar sujetos los padres de familia es el retiro de los hijos de sus hogares de manera temporal mientras se hace un trabajo de sensibilización que va de la mano con posibles multas y cursos pedagógicos.

La investigación

LA NACIÓN, dialogó con Iván Daniel Jaramillo, uno de los investigadores del Observatorio Laboral de la Universidad El Rosario, que fueron los encargados de sacar a luz las cifras porcentuales que sitúan a Neiva en segundo lugar de ciudades con mayor tasa de trabajo infantil.

 “Hay una brecha por cubrir y es el tema de las zonas rurales y cabeceras municipales, las cuales no están medidas y que de seguro darán cifras muchos mayores”, explica.
Jaramillo, señala que Neiva está de segunda en el ranking, pero dicha cifras se corrigen con las causas. Las cuales son difíciles de entender.

“De los estudios realizados, hay menores que lo hacen porque quieren ganar su propio dinero para invertirlo en sus gastos. Corregir eso es muy complicado”, dice.

El investigador expone en su análisis que existe otro grupo que considera que deben contribuir al ingreso familiar y así satisfacer necesidades.

Para Iván Daniel Jaramillo, hay una causa complicada de corregir y es el que está inmerso en el contexto cultural, donde es bien visto que los niños trabajen porque hace parte del patrón de formación, de transmisión de valores, disciplina y honestidad.

“Ahí es donde radica el problema, ya que está en causa cultural-estructural que es difícil de intervenir o corregir”.

Ante esta situación, Iván Daniel Jaramillo hace una recomendación que dicho sistema de vigilancia y control, debería extenderse a la zona rural.

“No todo trabajo infantil debe ser erradicado, estamos hablando de aquel que implica que el menor trunque el ciclo escolar y pueda llegar a afectar su desarrollo fisiológico correcto”.
 
El dato

El estudio realizado por el Observatorio Laboral, se da tras la evaluación de cifras oficiales, del Dane, la misión rural y trabajo de campo. El informe fue realizado en el área metropolitana de Neiva.

La meta del gobierno es reducir la tasa del 9.1 por ciento al 7.8 por ciento al 2018; Iván Daniel Jaramillo es un poco pesimista al creer que no se llegará a tal fin.

Al final recomienda a las instituciones involucradas descentralizarse geográficamente para llegar a los problemas reales en cada zona.


Neiva ocupa el deshonroso segundo lugar en materia de trabajo infantil.


El panorama es preocupante muchos de ellos trabajan porque creen que están aprendiendo a ser responsables.

 

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