Las Farc se concentrarán en varias zonas del país, tras su desmovilización.
No se puede negar que quizá el elemento de mayor peso en todo este tema del cese al fuego definitivo significa que habrá también al menos con las Farc hay una desaparición de la violencia armada. Sobre todo en regiones donde el fenómeno azotó tanto y por muchos años.

Pero con todo y las buenas intenciones, así como los buenos deseos de muchos, el cese al fuego entre la guerrilla de las Farc y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos ya ha comenzado a enfrentar los primeros obstáculos.

Hace apenas unos días el alcalde de Orito, Putumayo, Manuel Eduardo Ocoró, región donde habrá zonas de concentración para las Farc, denunció que el grupo subversivo estaba extorsionando y amenazando a la población.

Entre tanto, en el departamento del Huila, se sabe que en algunos sectores productivos se comenta, aunque en voz baja, que muchos comerciantes han tenido que seguir yendo a zonas montañosas a pagar extorsiones a las Farc.

Con este escenario como fondo, la situación alimenta las dudas que aún persisten aún entre muchos colombianos, entre ellos algunos mandatarios regionales.

Ese el caso del gobernador del departamento del Tolima, Oscar Barreto, por ejemplo, y hasta de algunos alcaldes como el de San Vicente del Caguán, quienes han expresado su inconformidad porque allí quedarán algunas de las zonas de concentración de las Farc.

En el Huila

Aunque en el departamento del Huila no se establecieron zonas de concentración, no se puede olvidar que sí las habrá donde los vecinos como Putumayo, Caquetá, Cauca y por supuesto Tolima.

Sin embargo, según el representante del Centro Democrático, Álvaro Hernán Prada afirma que pese a que se firmó un cese al fuego bilateral, eso no significa que el Huila ya quedado libre de toda actividad ejercida por las Farc.

De hecho, cree que el cese ya se venía dando mucho antes de que se firmara en La Habana. “El gobierno restringió operaciones militares y tapaba, cosas como lo que pasó con el secuestro de Salud Hernández por parte del Eln”, sostiene.

Mientras tanto, otros prefieren ser más optimistas, como el profesor Jonathan Bedoya del programa de Ciencias Políticas de la Universidad Surcolombiana, quien señala que no puede ser de otra forma.  

De hecho, sobre las dudas de algunos, y la incomodidad de algunos mandatarios seccionales por la llegada de desmovilizados que se concentrarán en sus departamentos, Bedoya advierte que no se puede olvidar que la paz es un problema de discusión política y en ese sentido hay algunos políticos de varios partidos no están apoyando porque no creen en el proceso.

“Ahí hay que mirar cómo acercamos a esos ciudadanos que no está interesados en este proceso precisamente porque en el proceso hay de todos los partidos y la paz debe ser de todos los ciudadanos. Este gobierno lo ha posibilitado pero no depende de ningún color político. Hay que pensar en las generaciones futuras y poder empezar a trabajar la paz con todos”, explica.
 
El cese

Pero quizá lo peor de todo es que con todo y cese al fuego, firmado en La Habana, la queja de que las Farc siguen extorsionando, es reiterativa.

Más allá va Prada cuando señala que en el país no se puede hablar de un cese definitivo, pues es claro que ahí están delinquiendo todavía otros grupos armados al margen de la ley como el Eln y las bacrim, sobretodo en la zona del Catatumbo.

Si bien el congresista rescata el anuncio de dejación de armas por parte de las Farc, confía en que ojalá sea cierto que las entreguen todas, aunque tiene sus propias dudas.

“Pero ojalá entreguen también las que le han robado al Ejército y las que han comprado últimamente, hasta finales del año pasado. Lo peor es que el gobierno lo sabe y por eso Santos dijo que si no se firmaba la paz habría guerra urbana de las Farc. Esa amenaza lo corrobora. Por otro lado está el negocio del narcotráfico y en cualquier momento podría haber compra de fusiles, sin contar con la plata que tienen en el extranjero”, subraya Prada.

Y podría tener algo de razón si se tiene en cuenta que desde que el gobierno ordenó suspender fumigaciones a los cultivos ilícitos, éstos  estarían pasando de 49.000 hectáreas a 179.000 o más.

No obstante, para Bedoya, en este momento el proceso se encuentra bien y las Farc han dado señas de paz real lo que hace a su juicio, que haya confianza por parte de aquellos que votarán por el sí en el plebiscito.

El reto

Es en ese orden de ideas que Prada cree que el reto para las regiones no es de poca monta, sobre todo para aquellas donde habrá zonas de concentración. “Allí el ciudadano no tendrá posibilidad de que haya seguridad, muchas de esas zonas coinciden con corredores del narcotráfico. Por eso gobernador del Tolima no quiere en su departamento, hay miedo generalizado por Caguán, donde su alcalde también, allí hubo secuestros, desapariciones forzadas”, añade.

Para el profesor Bedoya, el reto consiste entonces en hacer inversión social, trabajo con las comunidades con el fin de superar todas las dificultades que ha traído la guerra.

“El principal reto es no dejar esas regiones abandonadas sino construir con ellas la paz en cada uno de los territorios y con la visión de cada una de las personas, en los contextos en los que vivan”, señala el académico. 

Así las cosas, Bedoya concluye que ahora el paso siguiente será comenzar a trabajar en proyectos en pro de la convivencia  y construcción de paz. En tal sentido, está seguro de que por eso, silenciar los fusiles es permitir pensar en otras cosas que por su culpa no se han podido, como acabar con la pobreza, y la exclusión social. Y tal vez eso permitiría que salieran a la agenda pública, nuevos temas.

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