El agua del río Fortalecillas está siendo desviada para irrigar grandes extensiones de tierra cultivadas de arroz.
El agua no volvió al río Fortalecillas, por lo menos en la parte baja donde se encuentran los más de cinco mil habitantes que tienen el centro poblado del mismo nombre.
La población ubicada en el norte del Huila a escasos 15 minutos de la capital huilense, vive desde hace un año una situación preocupante.

Del agua que otrora circulaba por su cauce, hoy solo hay alguna que está estancada y un pequeño hilo de agua que circula sin ninguna esperanza de recuperarse.

A simple vista, se creería que el cambio climático, y el verano intenso que azotó la región, le pasó la cuenta de cobro al emblemático río en el que por décadas fue escenario de encuentros familiares, que llegaban al lugar para un refrescante baño.

Sin embargo, LA NACIÓN, encontró la verdadera raíz del problema. Invitados por la comunidad, aceptamos llegar hasta lo que sería uno de los atentados contra la naturaleza y la vida humana más drásticos, a causa de la desproporcionada intervención de algunos terratenientes.

Más de dos horas de camino por trocha destapada fueron necesarios para poder comprobar lo que los habitantes han denunciado.

El tomo La Florida, un sistema de riego, es el encargado de llevarse toda el agua que debería bajar al pueblo. Allí, hay agua y en grandes cantidades, pero como lo confirmó este medio de comunicación, toda está siendo desviada.

Kilómetros más abajo, la situación tiende a repetirse con otras concesiones de agua que ha otorgado la autoridad ambiental, en este caso la Cam.

¿Dónde está el agua?

David Trujillo Lozano, representante de la Junta Administradora de Servicios Públicos de Fortalecillas, relata que desde hace ya varios años se viene registrando este problema, a causa de un desvío ‘legal’, el cual está captando más de lo permitido en la parte alta del río.

“Son manos criminales de cuatro terratenientes quienes hoy nos están dejando sin agua para la población y para el turismo que ha desaparecido. El agua no volvió al río Fortalecillas, afectando a la comunidad que se beneficiaba de la parte turística, cuando teníamos buena agua. Era mucha la gente que venía y eso ayudaba a la economía de la población ubicada a escasos 15 minutos de la capital del Huila”, rememora.

Agua sí hay

Toda el agua que existe está siendo desviada por el canal de La Florida, un sistema de riego impresionante de varios kilómetros. Una obra de ingeniería que perforó la montaña para lograr robarle miles de metros cúbicos al río para ser distribuidos en las grandes extensiones de tierra utilizadas para el cultivo de arroz, la ganadería y ahora para las gigantescas piscícolas que se pueden observar a varios metros desde lo alto de la montaña.

Pero no es el único canal que se puede observar a lo largo del recorrido. Hay más captaciones, algunas con permiso de la Cam y otras hechas de manera artesanal bajo el marco de la ilegalidad.

Sectores como ‘La Mojarra’, y ‘La Jagua’, tienen sus canales y están siendo conducidos para el abastecimiento de los cultivos de peces.

Metros más abajo el agua toma un color verdoso para desaparecer a la entrada del centro poblado de Fortalecillas.

“El agua que nos están quitando va a parar a tres mil hectáreas, en las que se cultiva arroz y ganadería. Hoy los más de cinco mil habitantes que tiene Fortalecillas están al borde un racionamiento inminente de agua. Hay escasez”, explica David Trujillo Lozano.

En algún momento sus habitantes llegaron a echarle la culpa al fuerte verano que se registró en la región pero la sorpresa es que siempre ha tenido agua. La suficiente para abastecer a la comunidad y para reactivar el turismo que desapareció hace más de un año.

La situación es más crítica para los pobladores. En el recorrido que hizo LA NACIÓN, con varios líderes, se pudo evidenciar que donde inicia la captación masiva de agua, su color es cristalino y se ve pura.

Pero más abajo, donde está ubicado el tomo del acueducto el agua que llega es de color verde. Totalmente contaminada, a causa de los descoles de los lagos utilizados para el cultivo de peces.

Sin soluciones

La comunidad, ya ha compulsado varios derechos de petición a las autoridades ambientales, sin embargo, la solución parece estar más lejos de lo que parece. Solo algunas respuestas que se han quedado en el papel. No ha habido una intervención de fondo.

“Tenemos dificultades y sí la Cam no le pone atención al control del agua en la parte alta. Aquí va a suceder una emergencia ambiental y sanitaria”, relató Trujillo Lozano.

Miguel Ángel Murcia Sierra, edil del centro poblado, cuenta que la situación se viene registrando desde hace ya varios años, pero se ha agudizado desde hace más de un año, cuando intentaron llamar la atención de la autoridades competentes, a través de un paro.

Señala Trujillo Lozano que los beneficiarios del canal de La Florida, tienen su estrategia para abrir las compuertas y así demostrar que aparentemente no pasa nada, cuando son requeridos por algún ente de control.

“Se han armado comisiones para llegar hasta el lugar de las compuertas del canal de La Florida, pero tienen gente campanera que avisa para que los encargados liberen el agua.  Fácilmente tienen tiempo, pues el recorrido hasta allá dura aproximadamente dos horas por pura trocha”, afirma Miguel.

El edil es categórico en decir que la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena, Cam, no ha hecho valer los estatutos que se tienen para proteger el recurso hídrico.

Hay una reglamentación, que profirió la Cam, mediante la Resolución 0415 de 2005 y revisada el 31 de marzo de 2015, para el uso y aprovechamiento de las aguas del río Fortalecillas. Pero ésta no se está cumpliendo como a simple vista se puede constatar.

Agua no hay en la cabecera de la población. Toda está concentrada en un solo punto.

‘El pez grande se come el chico’

La situación, no es solo para los más de 5 mil habitantes que tiene Fortalecillas, sino también para los pequeños productores que están ubicados en la parte baja.
Así lo da a conocer José William Moreno Barreto, un pequeño agricultor de arroz, a quien las pérdidas ya lo tienen en la cuerda floja.

“En la parte de abajo ya no nos llega agua. La problemática se agudizó desde el mes de junio del año pasado. Siempre nos toca ir en comisión hasta La Florida, para que suelten agua, lo hacen por 20 días, un mes y después la vuelven a quitar.

Moreno Barreto, relata que han trato de buscar todas las soluciones posibles a la emergencia que están viviendo por causa de unos pocos terratenientes, empoderados del recurso hídrico. Pues en la parte baja los pequeños parceleros son alrededor de 40.

“Se ha conformado comisiones. Van y miran y para ellos todo es normal. La respuesta es que no tienen el personal suficiente para estar regulando y supervisando la zona”, comenta, no sin antes hacer salvedad de que llegará el día en que la propia comunidad no tolere más la situación y decida tomar las vías de hecho.

Llamado a ejercer control

Ante esta situación, todo parece indicar que el exterminio del río Fortalecillas, es inminente, pues el caudal ecológico está en peligro y las voces de la comunidad parecen no tener eco ante las autoridades ambientales.

Así lo reconoce Juan Carlos Ramón Rueda, concejal de la ciudad de Neiva, quien califica como preocupante la situación.

“Estamos ante una problemática que es el resultado de la falta de acción por parte de las autoridades de control. La Cam es la autoridad que da las concesiones y permisos para que se pueda hacer la utilización de una cantidad del agua. Sin embargo, hay un abuso por parte de las personas que están haciendo aprovechamiento del recurso hídrico en la región. No hay quien vigile. Es la comunidad quien está pidiendo urgente una intervención”, expuso.

El cabildante, advirtió que hace falta autoridad y control por parte de la Cam, la Secretaría de Medio Ambiente, la Alcaldía Municipal y de la oficina de Justicia Municipal, donde según Ramón Rueda, reposan las denuncias y quejas.

Lo cierto es que al río Fortalecillas, lo están acabando y lo poco que queda está siendo desviado para el beneficio de grandes extensiones de tierra de unos pocos.


Toda el agua está siendo captada kilómetros arriba de la cabecera de la población.


El río desaparece al llegar a la población de Fortalecillas. Sus pobladores llevan meses sin ver fluir el agua.


A orillas del río, crece de manera descontrolada los lagos para cultivos de peces, que se surten del agua del afluente.


El turismo desapareció en Fortalecillas. Ya los paseos de río quedaron en la historia.


La población teme llegar a un racionamiento pues de este afluente se surte el acueducto para más de cinco mil personas.


Las autoridades ambientales no han buscado una solución de fondo.

 

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