Una nueva alerta sobre obras inconclusas financiadas con recursos de regalías vuelven a dispararse en el país. Y como era de esperarse el Huila sigue figurando entre las regiones  con numerosos elefantes blancos cubierto por la maleza y en franco deterioro.

Según el reporte del Departamento Nacional de Planeación 144 obras de impacto social, financiadas con recursos del Sistema General de Regalías se encuentran en estado crítico.

En esa lista aparecen proyectos de viviendas, escuelas, puentes, centros de salud, polideportivos, vías, distritos de riego.  Siete de cada diez proyectos críticos con deficiencias en supervisión e interventoría. Otros 97 proyectos (67%) por valor de $457.055 millones (36%) presentaron deficiencias en la interventoría (contratos por $44.166 millones).

En esta nueva evaluación sobresale la polémica remodelación del estadio Guillermo Plazas Alcid, que debió entregarse en octubre del año pasado. El proyecto se inició en diciembre del 2014 cuesta hoy $28.884 millones, producto de un mayor volumen de obras que no se calcularon lo que refleja enormes fallas de planeación.

Y por supuesto, el Centro de Salud Integral Materno Infantil (Caimi) hoy totalmente abandonado y en proceso de deterioro. El otro elefante blanco: El parque Islas de Aventura, planteado como estrategia para incrementar el ecoturismo por el río Magdalena, quedó en la mitad de camino, las pocas obras que se construyeron se desplomaron otras fueron desvalijadas y lo que queda está siendo devorado por la maleza.  Los 7.699 millones de pesos  que se invirtieron con recursos de regalías se perdieron.

La avenida Inés García de Durán, destinada a rendir tributo a la memoria de quien diseñó la coreografía del sanjuanero huilense, terminó convertida en un momento al despilfarro para vergüenza del país y de la ingeniería local.

El Huila, parece un zoológico de elefantes blancos diseminados  por todas partes. Obras paralizadas e inconclusas sobresalen entre los escombros  en Neiva, Aipe, Baraya, Campoalegre, Hobo, Gigante, Garzón, La Plata, Paicol, Palermo, Pital, San Agustín, para mencionar sólo algunos casos. En otros, las obras quedaron sepultadas como acueductos, alcantarillados o plantas de tratamiento que nunca funcionaron porque quedaron mal hechas. En muchos casos porque la plata de desvió, porque no hubo una adecuada planeación, porque no hubo interventoría. En otros casos, como el reservorio de Neiva, se presupuestó en siete mil millones y terminó costando cinco años después 30 mil millones. Los contratos adicionales se han convertido en un instrumento perverso contra el patrimonio público.

“El Huila, parece un zoológico de elefantes blancos diseminados  por todas partes”.

 
EDITORIALITO

La proliferación de pandillas en algunas comunas de Neiva siembra preocupación. La batalla campal ocurrida en la Comuna Ocho es una demostración del auge que siguen tomando en territorios vedados para las autoridades.
 
 
 
 

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