Estamos viviendo un momento histórico. Gústenos o no; cambiamos y nos empezamos a reconocer unos a otros como ciudadanos hermanos de un mismo país, respetándonos, incluyéndonos, reflexionando sobre las ventajas de la terminación del conflicto, o nos acabamos de tirar este país. Nosotros tenemos en nuestras manos el poder de decidir qué clase de país queremos para nuestros hijos, nietos y bisnietos. Que los guerreristas que hoy son enemigos de la paz se alegren cuando vean su rostro. Que llegue la hora de la paz y que todos sepamos merecerla. Hay que continuar con la voluntad, la grandeza y la generosidad, que requiere este momento de paz; y tal vez el más decisivo de nuestra historia, para que terminemos de una vez por todas con esta guerra cruel y costosa.
El pasado lunes 26 de septiembre de 2016 pasará a la historia como el día que se firmó el acuerdo de paz con las Farc, en la Plaza de Banderas del Centro de Convenciones de Cartagena; donde el Presidente Juan Manuel Santos y el Jefe de las Farc, Timochenko; reconocieron los esfuerzos mutuos por la paz y que valió la pena la sustentación de los acuerdos en base a la Generosidad, Perdón y Esperanza. Mientras la opinión nacional esta polarizada, la comunidad internacional respalda con optimismo e interés el posible nuevo destino del país, y se evidencian ayudas económicas para el posconflicto. Aquí lo importante y como lo dijo Gabriel García Márquez es que la estirpe de Macondo “Locomobia”, va a tener una segunda oportunidad sobre la tierra y no van a ver cien años de guerra. El coronel Aureliano Buendía, que participó en 32 levantamientos armados y los perdió todos, decía que era más fácil empezar una guerra de mierda que terminarla.
Ahora que la historia nos convoca a través del plebiscito a refrendar el acuerdo de paz, no podemos reducir el debate a ser “Santista” o “Uribista”. Votar SI es tener esperanza de un mejor futuro para Colombia: invertir los costos de la guerra en salud, educación, vías, subsidios al pequeño agricultor y en general al mejoramiento de la calidad de vida sobre todo en el sector rural. Hay ciertos momentos en la vida de las naciones, donde el destino puede cambiar su rumbo definitivamente. El próximo domingo 2 de octubre; por primera vez, desde que el Gobierno de Santos comenzó a negociar con las Farc, el balón está en la cancha de todos los colombianos y tenemos una oportunidad única e irrepetible de golear a la guerra. En el plebiscito vamos a elegir entre las bondades del Sí y las incertidumbres del no. Sí a la vida, no a la guerra.

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