Los vecinos de la vía en el centro del Huila están cansados de la guerra, quieren progreso y desarrollo del Estado.
Más de 30 años han sufrido la guerra y la violencia que declaró y aplicó la guerrilla de las Farc a las comunidades y vecinos del corredor Garzón-Gigante, en el centro del Huila, lo que causó múltiples desplazamientos, secuestros, asesinatos, chantajes, tomas de poblaciones y enfrentamientos armados con las autoridades.  

Esa situación terminó por unir aún más a los habitantes de los centros poblados de Zuluaga-Silvania, respectivamente, que hoy miran con ánimo positivo el Acuerdo Final entre el Gobierno y esa organización subversiva, para que fluya la tranquilidad y una dinámica distinta de progreso.

Tras la firma de lo acordado, la gente parece respirar otro ambiente y esperan con optimismo lo que esperan debe ser la reconciliación nacional, estima, por ejemplo, Nubia Segura, la esposa del diputado Armando Acuña, exsecuestrado:

“Hoy estamos más confiados, lo que esperamos es que esto tenga un verdadero cambio. Que las Farc cumplan, que el Gobierno Nacional, como Estado, también actúe con los programas y proyectos sociales que necesitan las comunidades, pues la cuota de sangre y dolor fue muy grande en esta zona”.

Y es que el corredor vial desde Garzón, pasando por la zona cafetera y llegando a Zuluaga, se convirtió durante muchos años en el mayor cómplice para el fácil desplazamiento de la Columna Móvil Teófilo Forero.

Se recuerda la toma del Concejo Municipal de Garzón, el secuestro del ganadero Lauretino Rojas, los continuos retenes y extorsiones a la población, pues fácilmente se desplazaban a la zona de San Guillermo y al Páramo Miraflores por el sector de El Batán,  La Umbría y El Vergel.
 
Toma de Silvania
Sin embargo el peor dolor que generó las Farc, fue el asalto al puesto de Policía de Silvania, en donde masacraron los ocho uniformados presentes.
Recuerdan los habitantes que ocurrió el Domingo de Ramos del año 1992, víspera de la Semana Santa, cuando más de 200 guerrilleros brotaron por las lomas de Alto Silvania, La Chiquita, La Umbría y por los sectores de Ventanas en Gigante, bajo la orden de alias ‘Mono Jojoy’.

“Los policías no solo fueron asesinados sino incinerados, pues les aplicaban gasolina y con las colchonetas los cubrían y les prendieron fuego”, destacó a LA NACIÓN un vecino que pidió el anonimato.

“Hoy 24 años después de este doloroso episodio, no queremos recordar, sino que esperamos es seguir viviendo en paz y tranquilidad. Ojalá que lo firmado culmine con una paz verdadera y sincera para todos. Pero también que sigan llegando obras y proyectos de impacto para el progreso regional”, dijo Carlos Eduardo Garcés Salas.
Por aquí fue sacado el entonces parlamentario Orlando Beltrán Cuéllar, plagiado en su finca El Rubí. Fue asesinado Rigoberto Urriago,  líder comunal de Tres Esquinas, acto que fue condenado por las comunidades. Secuestrado el sacerdote Guillermo Correa. Y se ordenaron los crímenes como el de los concejales Gimbler Perdomo y Liliana Supelano, al igual que el ex alcalde Wilson Peña Pérez, en pleno furor guerrerista de las Farc.
 
Paz y reconciliación
Para las víctimas de las Farc, por diferentes motivos y  circunstancias, como el caso de Edgar Quintero, que fue testigo de los tomas a Silvania y Gigante, pero también impactado por un campo minado en el Cerro Miraflores que obligó la amputación de varios dedos de un pie:

“Hoy tenemos que reconciliarnos y que sea de verdad. Que se reconozcan unos a otros, pero lo más importante es que llegue la paz, plena, y que estos ejercicios sean apoyados abiertamente, junto con obras que tienen que llegar al campo”.

Por lo anterior y mucho más, los campesinos pobladores del corredor cafetero, ecológico, ambiental y con gran potencial turístico esperan obtener un cambio de lo violento y de guerra al de la paz y el turismo.

“Hoy en Zuluaga y sectores vecinos vemos obras de impacto, que necesitamos. Se anuncia  el puesto de policía, pero para la paz y acompañamiento de las comunidades. Parque nuevo, vías pavimentadas, obras para el deporte y mucho más. Pero lo más importante que se nos reconozca por pacíficos y no por violentos”, dijo el concejal Alveiro Manjarrés.

Con un potencial de más de 40 mil personas en estas veredas de Gigante y Garzón, más la cantidad de visitantes que en fines de semana llegan o hacen tránsito por esta considerada la mejor y de mayor productividad cafetera y agrícola, se respira otro aire: El de la paz, el de la defensa del Páramo Miraflores, el de la vida y el de la esperanza para todas las generaciones, concluyó la líder Morelia Perdomo.
 

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