Los militares fueron juzgados por un falso positivo planeado en Gigante (Huila).
Después de once años, el crimen del campesino José Néstor Rivera Gutiérrez, logró esclarecerse. El labriego, un pequeño cultivador de café, fue ultimado a tiros por una patrulla militar su propia finca ´Piedrahita’, en la vereda Peñalosa en Gigante (Huila).

Los militares, curiosamente encapuchados, lo vigilaron desde las cinco de la mañana cuando salió a abonar el cultivo y luego lo mataron a sangre fría y lo presentaron como un guerrillero muero en combate.

La ‘operación Macaco’, como se denominó, se adelantó aparentemente según una orden radicada con 0233-2006 y debía ejecutarse en desarrollo de las operaciones en la región de Tres Esquinas. Pero resultó un ‘falso positivo’ por el que hoy responden tres de los militares que participaron en el montaje.

 Por este mismo hecho el oficial José Elmer Moreno Moreno, comandante de la compañía, fue condenado en el 2012 cuando ostentaba el grado de capitán. El Juzgado Primero Penal del Circuito de Garzón lo sentenció a la pena principal de 34 años de prisión por los delitos de homicidio en persona protegida en concurso con falsedad ideológica.

Los soldados Eduaime Gaitán Patiño, Rodrigo Galindo Herrera y Mauricio Cubillos Luna, absueltos en primera instancia, acaban de ser condenados a 380 meses de prisión y al pago de una multa por 1.845 millones de pesos.
 
El falso operativo

El labriego salió temprano en compañía de un niño y fue ultimado a mansalva cuando regresaba a desayunar.

Como corrió a esconderse lo asediaron hasta encontrarlo y después lo remataron prácticamente con tiros de fusil”, relató Urriago, quien develó la estrategia para perpetrar el crimen y luego borrar las evidencias.

El ‘baquiano’, enviado desde el Batallón Pigaonza’ denunció que el teniente “sacó un revólver, un radio y una granada y ordenó que le colocaran esos elementos para reportarlo como baja en combate”.

El oficial le dijo que el labriego estuvo preso por rebelión y los amonestó para que lo ultimaran. Entonces le pasó un fusil y como se excusó lo intimidó con que serían dos los muertos.

“El labriego corrió, entonces el subteniente le ordenó a los reclutas que lo fulminaran para que no se evadiera. Lo buscaron y lo hallaron escondido en un barranco, lo tenían tendido con la cara hacia el suelo, encañonado, le dispararon y le dieron en la cabeza, en la espalda y en la pierna”, relató.

“Luego el oficial sacó una granada, un revólver y un radio. Un uniformado con un guante cogió la mano del occiso y disparó el revólver puesto, por mandato de Moreno Moreno”, añadió.

Con la orden- agregó- se formó una plomacera que cesó segundos después. Luego los soldados que acompañaban al subteniente Moreno encuentran a la víctima oculta y disparan nuevamente.

En Tres Esquinas, el oficial le ordenó que se pusiera el camuflado y un pasamontañas. Otros soldados también portaban esa prenda para ocultar el rostro.

“Ese es miliciano, estuvo preso por rebelión, hay que matar a ese mano” les indicó el oficial poco antes de las ocho de la mañana.

“Usted no ha visto nada y no sabe nada”- le murmuró al baquiano mientras le pasaba un fusil.

El campesino se percató de la presencia de los soldados y empezó a correr. En niño fue el primero en huir. Por eso no lo encontraron cerca a la víctima. El menor resultó herido pero logró salir del falso operativo.
 
Todos sabían

Toda la escuadra conocía el objetivo de la operación. Desde muy temprano acechaban desde lejos a la víctima, quien salió a abonar un cultivo de café cerca de la vivienda. Estando indefenso lo ajusticiaron sin contemplación, admitieron otros militares.

En una primera versión argumentaron que fueron atacados y que la patrulla solo repelió el ataque.

Luego, en la audiencia de juzgamiento cambiaron la versión alegando que fueron aleccionados por un civil que enviaron del batallón. La patrulla llegó al sitio a las 5:30 de la mañana a la vereda Peñalosa. El subteniente Moreno distribuyó el personal en varios sectores.  Cuando aclaró divisaron la vivienda. A las siete de la mañana escucharon el fragor de la fusilería.

Los soldados, escondidos entre los matorrales, observaron que la víctima salió a abonar el cultivo de café “José Néstor Rivera se acercó a tan solo cuarenta metros sin que le notara más que un machete y un coco con abono, ningún hostigamiento se avizoraba”, relató testigo que sirvió de guía.

“Es imposible determinar quienes dispararon porque la escuadra se cubría con pasamontañas”, reveló el testigo.
 
El occiso fue envuelto en unos ponchos y trasladado en una mula hasta el sitio ‘Cuatro caminos’, relató.

Luego de la ejecución, se alteró la escena. El teniente ordenó que tomaran fotografías y procedió a reportarlo como una baja en combate.  El informe quedó consignado en un comunicado de prensa el 17 de marzo de 2006: “Dado de baja un terrorista de las Farc” encabezaba el boletín oficial sin firma.
 
La maniobra

“Al día siguiente llegó un señor de civil, nos formaron y nos indicaron lo iban a decir en el informe. Nos pidieron que omitiéramos mencionar al guía que acompañó a la tropa”, afirmó el soldado Gaitán Patiño. El personaje cuyo nombre nadie recuerda fue quien los orientó sobre la forma como debían declarar.

Según sus recomendaciones los uniformados debían afirmar que quienes dispararon fueron los soldados de la primera escuadra y que gastaron entre ocho y diez cartuchos. “No podía reportarse que el guía había disparado”, confirmó el soldado Cardona.

El guía que los acompañaba-según los testimonios de los soldados-vestía uniforme y chaleco, llevaba un fusil y siempre hablaba con el subteniente Moreno. Los protocolos militares en esos casos indican que los orientadores geográficos, deben ir detrás de la tropa, van de civil y no llevan armas. Las operaciones en la zona, según lo reveló el subteniente Moreno, las ordenó un coronel.

El orientador geográfico fue enviado desde el batallón con las raciones. “Llevaba uniforme y armamento, y según el coronel, conocía el área y era de su confianza”.
 
El teniente

“El fragor duró cinco minutos. Registraron la parte alta con ametralladora para evitar que los sorprendieran y luego hallaron un cuerpo sin vida, con un arma de fuego de corto alcance en la mano, un radio de comunicaciones y una granada”, relató el teniente Moreno, comandante de la patrulla.  

El cuerpo fue movido a otro sitio. Los uniformados responsabilizaron al guía Jaider Urriago Rodríguez, enviado desde Garzón, supuestamente para orientar la tropa.
El hombre, finalmente terminó aclarando el macabro crimen, que estuvo a punto de quedar en la impunidad.
 
Curiosa absolución

La investigación fue iniciada por la Fiscalía 21 Delegada ante los Juzgados Penales del Circuito de Garzón. El caso lo asumió por competencia la Fiscalía 45 Especializada de Derechos Humanos.

El 28 de enero de 2010 el ente investigar les resolvió la situación jurídica. Los soldados profesionales fueron cobijados con medida de aseguramiento, con detención preventiva. La medida fue confirmada en segunda instancia por el Tribunal Superior de Neiva.

Los soldados fueron absueltos en primera instancia. A pesar de los testimonios el Juzgado Primero Penal del Circuito de Garzón profirió el 24 de mayo de 2014, sentencia absolutoria.

El juez de primera instancia aseguró que las pruebas allegadas no arrojaban la certeza de responsabilidad penal de los acusados y resaltó que la presencia de las tropas en el sitio del ‘falso positivo’ obedeció al cumplimiento de una orden castrense legítima.

El juez consideró que no existía evidencia que comprobara que los militares dispararon contra el campesino por orden del comandante de la patrulla, teniente, José Elmer Moreno, sin tener en la mira al abatido. “Las tareas del grupo fueron estrictamente operativas”, concluyó el juez, exonerándolos de la responsabilidad penal.

Según la Fiscalía, los militares acusados “callaron la verdad para tejer la coartada ideada por el subteniente José Elmer Moreno Moreno, esto es, que se presentó un enfrentamiento y que en esa reacción fue dado de baja el agresor, pero en la tramoya se les olvidó que un niño resultó herido por el rozamiento del proyectil”.
 
Ejemplar condena

La absolución fue recurrida. Con las nuevas versiones, el Tribunal Superior de Neiva tuvo todas las certezas para aclarar el crimen.

“En este orden de ideas, con el acervo probatorio allegado a la actuación, son suficientes para obtener el grado de certeza en torno a la responsabilidad penal a título de coautores en cabeza de Eduaime Gaitán Patiño, Rodrigo Galindo Herrera y Mauricio Cubillos Luna. Tal circunstancia impone revocar la providencia para en su lugar proferir fallo de condena”, concluyó el magistrado Hernando Quintero.

La corporación los condeno a 31 años y medio de prisión, les impuso una inhabilidad de 190 meses, les negó los beneficios de  suspensión condicional y detención domiciliaria.

El magistrado libró además, las órdenes de captura. El soldado Eduaime Gaitán Patiño de Pereira acaba de ser capturado.  El  oficial, ya condenado, purga una pena de 34 años de prisión.
 


El labriego fue trasladado en mula hasta Gigante, como un supuesto guerrillero abatido en combate.

 

Comentarios