Los fenómenos meteorológicos desnudan las falencias de la construcción de ciudad en el territorio Colombiano. Es muy común en estos días, culpar a las lluvias de los desastres que ocurren en los centros urbanos, y son las entidades de control y gestión del riesgo las que toman especial protagonismo. Leí hace poco temerarios pronósticos, como los que contiene el último análisis hidrológico del Ideam, instituto que al aplicar sus nuevos modelos de medición permite al país conocer en detalle cuáles son los municipios y departamentos más afectados por el cambio climático. A nivel general, el Ideam encontró que 12 millones de colombianos, es decir uno de cada cuatro, pueden sufrir afectaciones por las lluvias torrenciales.

De la medición detallada del Ideam se desprende, además, que el 12 % del territorio nacional es susceptible a inundarse. Las zonas con mayor riesgo están distribuidas en las cuencas de la Orinoquía y la Amazonía, en los valles de las regiones Caribe y Pacífico y en los valles interandinos de los ríos Cauca y Magdalena, incluida la Sabana de Bogotá.

Cuando el país pasa por temporadas de lluvias, el 28 % de la población está expuesta a inundaciones y el 31 % a una amenaza alta de deslizamientos (remoción en masa) asociado a crecientes súbitas. Esta situación se puede presentar en Valle del Cauca, Atlántico, Antioquia, Cundinamarca, Magdalena, Córdoba, Cesar, Cauca, Huila y Meta, los departamentos con mayores probabilidades de riesgo.

Es triste ver como la fuerza de la naturaleza se lleva a las ciudades, afecta a miles de familias que no solo pierden seres queridos, sino que además se lleva el esfuerzo y el capital de tantos años. Lo cierto y más desgarrador, es darnos cuenta que esto es culpa de nosotros mismos; la enorme depredación ambiental, la deforestación y los fenómenos hidrológicos asociados al cambio climático son tristemente una constante en nuestra realidad geográfica, y todos, ciudadanos, organizaciones y Estado no queremos entenderlo, y por el contrario convertimos a Manizales, Mocoa, Armero, Salgar y Campoalegre en fenómenos aislados y espacios propicios para ver como indignos dirigentes se aprovechan del mal ajeno para promover su politiquería, y no, materia de acción planificadora. Resumiendo, la mayor parte de las emergencias en nuestras ciudades no son producto de un fenómeno sobrenatural aislado, son causa de nuestra falta de Planeación Territorial.

Vivimos en un país donde conseguir una vivienda es un acto de supervivencia. Las viviendas están ubicadas en donde la gente pudo invadir o donde un mafioso tierrero vende lotes entre amojonamientos en tierras ilegales y en muchas ocasiones en riesgo, y casi siempre cerca al agua. Es por esto que la población más afectada en estas emergencias son personas pobres, que no es que eligieran ese lugar porque les pareció bonito; escogieron ese lugar porque no les quedó de otra, no hubo otra opción. El problema de nuestras ciudades es la total desregulación del mercado inmobiliario, la ausencia del Estado en el ordenamiento territorial y la acción de marginalización social. Como dato importante, más del 50% de las viviendas de Bogotá nacieron bajo la dinámica descrita atrás, y ese fenómeno es una constante en las diferentes ciudades de Colombia. Basta ver en Neiva las más de 25mil personas que viven en barrios subnormales, como por ejemplo los de la media luna en la comuna 10, y los diferentes barrios en la misma situación de las comunas 8, Comuna 6, Comuna 7, Comuna 2 y Comuna 9, entre otras.

La estrategia de reasentamiento humano involuntario por riesgo, la titulación de predios para asegurar patrimonio y lograr inclusión social, el mejoramiento de las condiciones barriales a través del mobiliario urbano, la mejora de las condiciones de habitabilidad de las viviendas de los ciudadanos y la reforestación, no deben tomarse a la ligera. Mandatarios que no tengan esto en sus prioridades de gobierno, serán juzgados por la historia. Espero que Vegalarga y Anacleto García sean referentes de lo contrario, y no la crónica de una tragedia anunciada. A los politiqueros les gustan las emergencias.

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