-El dedo en la llaga-
 

Cada mes de mayo, en que la ciudad cumple años de fundada, dedico las columnas mensuales a rememorar la historia de Neiva, evocando especialmente la década de los ochenta y como transcurría la cotidianidad antes de la existencia de los centros comerciales, lugares en donde hoy se tiene todo, cines, restaurantes, juegos para niños, etc., no sin antes señalar que tal vez el primer centro comercial que tuvimos, con cinemas propios y restaurantes, fue Megacentro (ubicado en donde a su vez quedaba en la década de los sesenta el Teatro Bolívar). Hoy hablaremos de los Teatros de Cine. Según el censo oficial del DANE de 1985, Neiva tenía 199.576 habitantes. En aquella década, los cines que existían eran el Teatro Pigoanza, en donde en 1982 fui a ver mi primera película, El Barrendero, protagonizada por Mario Moreno “Cantinflas”.
Usualmente los viernes era aglomeración de adolescentes dispuestos a ver la película de moda y punto de encuentro social. Posteriormente llegó el Cinema La Gaitana, que le hizo la competencia al Pigoanza. En esos dos teatros, los más “lacras” se hacían en la parte trasera y empezaban a lanzar toda clase de objetos a los de adelante, como monedas o manimotos, era parte de la “guachafita” o “grosería” de la época.

Asimismo, estaba el teatro Libia, con un concepto impresionante como era tener las sillas al aire libre, funcionó hasta finales de los noventa, sin embargo, en los ochenta no tenía mayor afluencia. Estaba el Cincuentenario, ubicado en la carrera sexta con calle octava, al frente del cafetín el Taurino (hoy una panadería). Era una sala de proyección XXX. Hoy en día loteado para locales comerciales. Eran los cuatro únicos cinemas, siendo el Pigoanza y la Gaitana los más visitados y reconocidos.

En alguna ocasión, en la biblioteca departamental Olegario García Rovira, ubicada en el primer piso de la Gobernación se proyectaba el cinearte o cineforos, que atraía a estudiantes universitarios. Posterior a eso, llega el Centro Comercial Megacentro, que por primera vez traía el concepto de las salas múltiples. Conformadas por tres salas, mucho más reducidas en cuanto a sillas y ubicadas en el último piso, fue el antecedente de lo que tenemos hoy en día. Y como sucede con las modas, cada nueva atracción iba desplazando a las anteriores. Con la llegada de Megacentro, el Pigoanza, empieza su declive, haciéndole competencia solamente el Cinema La Gaitana, hoy también fuera de servicio.

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