-El dedo en la llaga-
 
 
Con esta columna damos por terminado, el periplo en la Neiva de los ochenta, como homenaje a la ciudad en su cumpleaños número 405. Desde ya, recomiendo un buen libro sobre historia de la capital, denominado “La Neiva de mi Alma”, escrito por Orlando Mosquera Botello, libro ameno y con datos sorprendentes acerca de nuestro municipio. Hoy recorreremos la cotidianidad de Neiva, cuando contaba tan solo con 200.000 habitantes. Las heladerías eran más bien pocas, estaban Guacamayas, en las Granjas, Frupys en Prado Alto y Arco Iris en el Altico. Restaurantes para los domingos, estaban La Cabaña, El Jardín y los Manguitos en la vía a Rivera. No había una zona rosa como tal. Esta inicia en la década de los noventa en la carrera 15 entre calles 7 y 6. Con dos o tres lugares de rumba, se altera la tranquilidad del barrio y de los vecinos, pero esto no importaba a la hora de prender la rumba. Tomaderos reconocidos habían varios especialmente en los barrios o a la entrada de los mismos, pero tal vez dos reconocidos eran Llano Grande que queda en la Avenida la Toma con calle décima y 180, que llega en los noventa y quedaba en la calle decima con carrera octava esquina.
Su nombre se debe a que los trabajadores de Bavaria hicieron un paro por lo que conseguir cerveza, o era difícil o era costoso, sin embargo, los dueños de ese local siempre tenían disponible y la dejaron a un precio barato como era $180. Las discotecas de la época, eran la del sótano del Hotel Plaza, Kumba; Cabaret del Hotel Chicalá; Mira Neiva por la calle octava, quedaba al frente del barrio la Gaitana, en Las Brisas, y la leyenda decía que ahí había rumbeado Pablo Escobar; estaba Los Cerros, tal vez la más famosa de la época; luego llegó Zakhara y posteriormente cambió su nombre a Séptimo Cielo. Por la carrera quinta entre calles 13 y 11 había lugares de rumba también, como por ejemplo, la Jirafa Roja. Los desfiles sampedrinos tomaban la Avenida Tenerife y seguían por la carrera séptima o la carrera quinta, hoy en día por la congestión y las clínicas es impensable. Dentro del entretenimiento estaba la televisión con sus dos cadenas, la uno y la dos, o el 1 y el A. Series como Los Magníficos, McGiver, el Superagente 86, la Liga de la Justicia, Tierra de Gigantes, Profesión Peligro venían de Estados Unidos. Por el lado colombiano estaban programas o novelas como San Tropel, Don Chinche, Dejémonos de Vainas, los Dumies, Pero sigo siendo el rey, Imagínate o Los Pecados de Inés de Hinojosa que fue de gran escándalo nacional por sus desnudos y escenas eróticas. Y así transcurría la cotidianidad en la ciudad. Una ciudad amable y tranquila. 

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