Inicia el festín electoral. La mayoría de candidatos, se mueve bajo la dinámica propia del clientelismo,  la politiquería, la lisonja hipócrita y el desconocimiento de la problemática real nacional. Y mucho menos bajo el interés de resolver los problemas del pueblo excluido. Los resultados del ejercicio del poder, son prueba fidedigna, de lo que siempre ha ocurrido con todos los elegidos, para gobernar, desde hace más de doscientos años.   
En Colombia lo que se practica y explota, con cinismo y habilidad,  es la politiquería y el clientelismo y por eso, cada gobernante es peor que el anterior, tanto en lo nacional, como en lo regional y local.  
Es la fatalidad que ha cimentado el atraso y precario desarrollo nacional,  el conflicto social y la miseria de las mayorías nacionales.
Hay ciudadanos honestos, es innegable, pero cuando incursionan en la política, son arrollados por el populismo vergonzante de los politiqueros de oficio, ciegos perseguidores de su presa: El presupuesto público.
Todo ciudadano debe ser consciente de la realidad que vive el país. Se lo tomó la mediocridad y la delincuencia de cuello blanco.
El elector debe analizar quién es el candidato y qué intereses representa. Quiénes lo apoyan, rodean y asesoran. Analizar su discurso, sus antecedentes políticos, su formación intelectual.
Si  en la contienda  electoral que inicia, todos hiciéramos el análisis, teníamos que concluir, que no hay por quién votar.
Todo ciudadano debe ser consciente de la realidad que vive el país. Se lo tomó la mediocridad y la delincuencia de cuello blanco.
Todo  ciudadano debe evitar que  continúe en su festín la delincuencia camuflada de dirigente y benefactor. El  instrumento  para el cambio, del ciudadano honesto,  es el voto. Hay que usarlo correctamente para superar el caos nacional. Si nos equivocamos o negociamos el voto, no tenemos derecho a quejarnos de los corrompidos gobiernos. Son reflexiones, propicias por la época electoral.
¿Por qué  los presupuestos nunca alcanzan? ¿Por qué tanta investigación sin resultados? ¿Por qué la precariedad de los servicios  públicos, la crisis vial,  la pésima calidad de la educación, inseguridad,  el sostenido negocio de la salud?
La desfachatez de los gobernantes  es tozuda. Saben las causas de los graves problemas que aquejan a las mayorías, pero no los atacan  porque menoscaban los intereses de las élites y avezados explotadores de lo público. Es una constante en todo gobernante colombiano. 
Santos demostró su condición de genuino representante de las élites y del capital. Evitó desmontar el criminal negocio de la salud y de la educación, apretó las clavijas del TLC, con las consecuencias que se evidencian.   Solo  aspavientos hace sobre la  generalizada corrupción que catapultó Uribe.  
En el próximo festín electoral, el elector honesto y sensato, debe aprovechar para convocar un plebiscito, para comenzar a reestructurar en el ordenamiento legal, proclive a intereses de élites y rescatar lo perdido en la Constitución del 91, por culpa del régimen, representado en el congreso.
Se debe explorar la posibilidad de revocar el congreso, y desterrar los candidatos del régimen, a la presidencia,  mediante el voto en blanco, o apoyar una gran coalición de independientes de las mañas del viejo régimen. Colombia está en bancarrota fiscal-económica. La institucionalidad está al servicio de la politiquería y la corrupción. Por ningún motivo, el pueblo debe apoyar, candidatos del régimen.
 

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