Cada año, nos encontramos siempre en la misma situación. Por un lado, se escuchan las quejas de aquellos que reclaman, que el folclor y la cultura se están acabando, que se están dando pasos para otros ritmos musicales y que lo verdaderamente autóctono se ha perdido. Asimismo, que los grandes beneficiados con el Festival como los hoteles y restaurantes no ponen un peso. También, que el dinero público no debe gastarse en fiestas o eventos sociales, sino que son los privados los que deben aportar. Por esa y otras razones, se creó CORPOSANPEDRO, una organización con tintes de privada pero con una clara influencia del departamento. A esta se le sumaron las anteriores críticas y aparecieron unas nuevas como por ejemplo que no era económicamente sostenible y que quedó debiendo dinero a muchas organizaciones. Entonces el debate se centra en como tener una verdadera fiesta folclórica que sea sostenible en términos financieros. Y ahí se enreda el asunto. El columnista de este diario Francisco Arguello, en su columna del 8 de mayo titulada “Que improvisación”, relata cómo se perdieron el desfile acuático y el desfile tradicional de bienvenida de las reinas nacionales. Señaló como se vendió uno de los eventos a Pitalito por 140 millones de pesos. Y me surge la pregunta. ¿Si está quebrada CORPOSANPEDRO en 1.000 millones de pesos, como más se puede empezar solventar ese déficit? Cuando un empresario toma una empresa tiene que buscar que sea económicamente viable. Cuando un gestor cultural lo hace piensa es en justamente el folclor y las tradiciones. Entonces el reto es compaginar esos dos puntos de vista. No es nada fácil, lo cierto es que con criterio empresarial se pueden lograr muchos recursos y tener una entidad boyante pero la parte cultural pasa a un segundo plano. Por esa razón la alcaldía decidió hacer su propio programa de festividades. Preocupa que cuando antes había coordinación, hoy en día hay tres entidades jalando para su mismo lado. CORPOSANPEDRO, la Gobernación y el municipio de Neiva.
Por último. Respeto profundamente la libertad de expresión y prensa, pero creo que se le fueron las luces a Daniel Samper Ospina, a quien tanto admiro y sigo, burlándose del nombre de la hija de la senadora por el Centro Democrático Paloma Valencia. Como dice el viejo adagio, “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. Se le fue la mano en esta, caballeros es de reconocer, lo que ha sucedido es que esto le ha servido para más publicidad, pero a los hijos de los que están en la escena pública hay que dejarlos por fuera.

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