« ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?… Simón Pedro tomó la palabra y dijo: -«Tú eres el Mesías, el  Hijo de Dios vivo» (Mateo 16,13-20)

 

Padre Elcías Trujillo Núñez

 

El Evangelio de hoy nos cuenta la elección de Pedro. Él es llamado primer Papa. Pedro hace una confesión revelada por inspiración divina: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Y a esta confesión de Pedro, Jesús le responde con una revelación: Pedro es la roca sobre la que se levantará la Iglesia, la comunidad del pueblo de Dios.  Símbolo de este poder son las llaves, que Cristo  entrega a Pedro; llaves que  indican potestad,  facultad de poder disponer, abrir y cerrar por encargo del dueño de casa. La entrega de las llaves es la investidura del poder sobre el Reino de Dios. Las decisiones de Pedro, realizadas en la tierra, quedan ratificadas en el cielo. Pedro, y con él sus sucesores, son intermediarios indispensables para el acceso normal al Reino de los Cielos. Cristo sigue siendo cabeza de la Iglesia, pero los papas son sus vicarios, sus representantes visibles en la tierra. Esta inmensa  potestad  está en las manos de un hombre mortal y frágil como nosotros y sólo es aceptable si une una verdadera personalidad, a una profunda paternidad. Lo más esencial de un Papa es ser padre. Por eso no es usual, que un papa dimita antes de su muerte, porque no es  un simple  cargo, es una verdadera paternidad. La elección de Pedro en el Evangelio de hoy es, por el momento, sólo una promesa. Antes, Pedro es preparado y educado por Jesús para su gran misión. Cumbre de la educación de San Pedro parece ser su triple negación en la noche del Jueves Santo. Allí Pedro se nos manifiesta con toda su fragilidad humana. Todavía confía, traicionado por su entusiasmo, demasiado en sí mismo, en sus propias fuerzas. Y así el demonio prevalece sobre él, haciéndole negar tres veces al Señor. Es una experiencia triste y profunda para él, pero  para nosotros, débiles y culpables como él, un signo de consuelo. Pero, a pesar de su debilidad, es elegido el primer jefe de la Iglesia. Por su fragilidad es apropiado para ser un auténtico apóstol, llevando el testimonio del Señor a los demás, no debido a su propia fuerza o capacidad, sino debido al poder de Dios, de ese Dios que prefiere como sus instrumentos a los pequeños y débiles. Sobre Pedro pesa la cruz de su gran responsabilidad para toda la Iglesia. Esta carga de responsabilidad permanece y  es común a todos los papas. Así sucede también en la vida del Papa FRANCISCO quien trabaja, sufre y ora por la Iglesia y el mundo, hasta el agotamiento. El papa merece nuestro respeto, nuestro compartir y, sobre todo, nuestra oración para su tarea difícil, en la sucesión de San Pedro.  Nota: Con la visita del Papa Francisco, demos el primer paso por la reconciliación y la paz. Mail: elciast@hotmail.com

 

Comentarios