Marcos Silva Martínez

Marcos Silva Martínez

Para construir  una Colombia civilizada,  con paz y justicia social, se requiere que toda la sociedad,  sea consciente y  reconozca las causas del conflicto y que,  gobiernos sensatos y responsables, sean capaces de asumir las responsabilidades que demanda construir democracia con equidad social.

El   conflicto interno  colombiano,  es  político, social y económico. Las confrontaciones  recurrentes entre diversos sectores u organizaciones sociales, están siempre  relacionadas con reclamaciones sobre derechos  incumplidos u objetivos sociales fallidos o frustrados.

Colombia, es la única nación del hemisferio que lleva más de medio siglo en guerra,  contra una guerrilla a quien  no venció por medio de las armas.

Se trata de una guerrilla, que surgió por la defensa del derecho a la propiedad de la tierra y al trabajo. Fue la causa fundamental.

Gobierno y sociedad, deben entender que las responsabilidades delictivas imputables, son consustanciales con toda organización rebelde, al margen de la ley. Que rectificar errores dignifica a la persona. Y que el alzamiento en armas, fue consecuencia de la inequidad socioeconómica, de la exclusión y persecución política.

Son reconocimientos fundamentales, para entender los términos de negociación del conflicto con las FARC. Pero el poder legalmente constituido y la sociedad civil, deben entender que toda negociación significa compromisos y que para que la negociación se cumpla integralmente, todos los términos deben cumplirse.

Ahí radica el desafío, para que la negociación sea exitosa y se beneficie toda la nación.

Las causas del conflicto, que deben revocarse y superarse, para poder comenzar a construir  paz y desarrollo con equidad.

Es un desafío gigantesco,  por la complejidad de intereses en juego y el inocultable poder político-económico de quienes se beneficiaron del conflicto y deben devolver las tierras robadas y del laberinto jurídico vigente, la corrupción administrativa y los enemigos del proyecto y del gobierno, visibles y agazapados.

La solución del conflicto, no depende de  la capitulación de ninguna de las partes. Exige superar las causas que lo originaron y sustentan. Sin superar el conflicto, no puede haber paz real. La paz se construye, no se decreta.

Negociar y superar las causas del conflicto, exigen ceder entre las partes. Para los usufructuarios del poder político y económico colombiano, ceder es perder poder y riqueza. Ahí está la clave.

El dominio y preservación del poder y la riqueza, bajo el régimen prevaleciente  hasta hoy, impiden superar el conflicto. Es lo que no quieren entender los enemigos de la equidad socioeconómica y por ende, de la paz.

Y son; la extrema derecha que guarda silencio frente al desmoronamiento ético, moral e institucional del poder político y se opone a todo lo que puede conducir a resolver y superar las causas del conflicto.

Los enemigos del pueblo se proponen sabotearlas, como lo estamos viendo, para imponer su perversidad, como lo demuestra el uribismo.

Por eso, se requiere de un acuerdo político y social nacional, para defender los acuerdos y derrotar tanta bajeza, tanto egoísmo y mezquindad de políticos y dueños del poder económico, como lo está demostrando la extrema derecha.  Siempre ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en su propio ojo.

Es lo que el ciudadano y elector  del común debe entender, para entregar su voto en las próximas elecciones.

 

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