BENHUR SÁNCHEZ SUÁREZ

Benhur Sánchez Suárez

Hoy ser viejo es el peor delito que pueda cometer el ser humano. Ya lo dijo la “joven” directora del Fondo Monetario Internacional, FMI, Christine Legarde, en uno de los tantos foros donde envejece sin remedio: “Los ancianos viven demasiado y ese es un rieSgo para la economía global. Tenemos que hacer algo, y ya.”

Lo dijo el 29 de junio de 2011, cuando apenas cumplía sus primeros cincuenta y cinco años.

Yo no supe si su “hacer algo” hacía referencia a acabar con los ancianos, impedir que se pensionen o suministrarles los medios posibles para que desaparezcan. Morir de hambre, por ejemplo, en lo que ellos, dirigidos por ella, son expertos. (“Ellos” hace referencia a los dueños de la producción, los ricachones y los políticos, los que deciden qué hacer para tener más riqueza a consta de la humanidad, los que legislan para su provecho, y a quienes tiene sin cuidado el bienestar de niños, jóvenes, viejos, ancianos, que son el resto de la humanidad). Necropolítica la llaman.

Y así vamos. Con la loable intención del gobierno de aumentar la edad para la pensión, de tal suerte que nadie pueda lograr ese derecho. A saquear el fondo que sustenta a los pensionados, dizque para invertir en el progreso del país, cuando todos sabemos que se lo comerán en “cucas”. Y quebrarán el Fondo.

Así vamos. Impidiendo que tengan en qué trabajar porque, soterradamente y sin que lo diga ninguna ley, los empresarios no contratan personas que sean mayores de cuarenta años. La experiencia y la sabiduría no cuentan para nada.

Así vamos. Pecamos por ser viejos y, antes que nada, por ser sobrevivientes en un país donde la muerte es el pan cotidiano.

En contraste, los de cuello blanco están defendidos por ese articulito del “vencimiento de términos”, y así los declaran libres con todo lo robado. Y el delito a cuestas.

Todo delincuente debe ir a la cárcel en igualdad de condiciones. Y los de cuello blanco son delincuentes, mucho más que el anciano que se roba un pan para sus hijos. Ellos deberían estar en los patios más custodiados de las cárceles de máxima seguridad porque por su culpa han muerto miles de colombianos, otro tantos aguantan hambre, y sus legislaciones son para favorecerse y no para brindar al ciudadano acceso al estudio, a la salud, al trabajo.

Y se enorgullecen de ser inocentes sin serlo pues el truco está en evitar ser condenados porque el tiempo de la justicia ha vencido para ellos. Y muchos son condecorados como héroes por sus alcahuetes y defendidos por sus votantes amañados.

Así vamos. Empujando el carro bajo la mirada despreciativa de la sociedad, a la que le entregamos formación, conocimiento y vida.

 

Comentarios