Por: José María Yepes

No somos los indicados para calificar lo primero, determinarlo  no es competencia de nadie distinto al establecimiento judicial, a priori podría  o debería tener relación directa con lo segundo, la irresponsabilidad, pero no de unos pocos, pues en eso, realmente terminamos responsables todos. Claro, porque la culpa de la destrucción del estadio en distintos porcentajes es de mucha gente, la que hizo y la que no, los que estuvieron de frente con el desacertado proyecto y los que permitieron la destrucción del escenario deportivo.

¿Qué responsabilidad le corresponde a cada quién? Establecerlo, es tema de conciencia, o de sentido común, de evaluar hoy  que pude hacer para evitar el desastre y no lo hice.

La primera evidencia de irresponsabilidad se tipifica en simpática explicación del principal protagonista del fracaso. “Quise construir un Ferrari con el presupuesto para un Renault”. ¡Eso es más que una irresponsabilidad! Pero en medio de esto  que incluso va más allá del cinismo, no alcanza para ninguna justificación.

Aquí aparecen más irresponsables, esos que aplaudieron y continúan haciéndolo,  la iniciativa  y consideraron hazañoso el proceder del aventurado y supuestamente visionario líder.

Creo que pretender hacer un estadio innecesariamente  grande con  un costo injustificable en una ciudad  sin malla vial, con acueducto de pueblo, y otras sentidas necesidades, es un irrespeto a las responsabilidades propias de un mandatario con algo de sentido común y consideración por quienes lo eligieron.

Pero el tema no para ahí, me refiero a responsabilidades, esa que después tienen sus colaboradores más cercanos, todos sin acepción, secretarios, asesores, funcionarios, y hasta amigos, en fin, el entorno del administrador, en la realidad del tema tan irresponsables como el primero.

Estamos lejos de recuperar el  estadio en Neiva y cerca de otras dolorosas pérdidas, pues no contar con este escenario pone en riesgo real a la ciudad y al departamento de mantener su presencia en el fútbol profesional y más lejos de cualquier presencia internacional con estas características. Y pensar que la razón para ejecutar esta mega remodelación era  adaptar el escenario a las exigencias para la realización de eventos internacionales… Ahora ni lo uno ni lo otro.

¡Qué irresponsables!

 

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