Francisco Argüello

Me tildarán de aburrido, retrógrado o lo que se les antoje, pero me da igual. El desierto de La Tatacoa- como va- podría estar en riesgo, me advierte un amigo ambientalista de la Universidad Nacional que visitó el escenario y quedó alucinado: piscinas, farolas nocturnas, licor, drogas durante la noche, lo que según él, estrecha cada vez más la visibilidad del firmamento o el cielo ‘estrellado’, uno de los principales atractivos del escenario.

No estoy en contra del desarrollo, del aporte turístico que puede  generar ‘Festival Tatacoa’ o las firmas que durante los últimos años se han inventado conciertos de música electrónica en el desierto, pero no creo que sean convenientes para el ecosistema. Aunque Hernán Cayetano Morales, uno de los líderes que llevó el concierto a La Tatacoa este fin de semana, insistió que la tarima, los músicos y la algarabía se centrarían no en el corazón del desierto, sino a unos metros del atractivo, la Corporación Autónoma del Alto Magdalena (CAM) debería ser más estricta a la hora de conceder este tipo de permisos porque el ruido- dice mi amigo de la Universidad Nacional- espanta lo que sea, entre  ellos, los animales, propios del atractivo, que permanecen en las periferias.

El señor Cayetano insiste en que el concierto tuvo poca afectación con luces (entonces alumbraron con espermas) y evitaron mucho impacto auditivo (seguramente los asistentes llevaron audífonos para sordos), pero ese cuento no me lo trago. ¿Será que un concierto de 7 mil personas (cifra que él esperaba y que no dudo que asistió) no generó exceso de ruido, luces y un basurero monumental?

Yo asistí a uno de estos encuentros (el primero de ellos hace como cuatro años), pero prometí no volver. El consumo de marihuana en medio del rock y otros géneros músicales, fue una cosa de alucine. Pero más allá, el desierto quedó totalmente iluminado. Las luces- es normal en un concierto- abarcaron Villavieja y el observatorio astronómico, lo que fastidió a turistas extranjeros que adelantaron observación de estrellas durante esa noche. Y el ruido ni se diga. Los camping (en la noche de este sábado también los hubo), el desorden y las consecuencias de gente ebria, también se observaron. La vía Villavieja- Neiva se convirtió en un ingreso y salida de alicorados al volante.

Yo del alcalde de Villavieja Jordan Pacheco me pongo serio. Y me opongo a este tipo de experimentos nocturnos. Y si no lo hace ya, no se extrañen los pobladores – en unos años– con la llegada de prostíbulos, expendios de ‘pepas’, alucinógenos y otras cosas que para los villaviejunos son extrañas.

La Tatacoa es admirado en el país y el mundo por su paisaje, por las estrellas, por su bosque seco tropical. No por sus rumbas nocturnas. El Huila tiene 37 municipios y centenares de lugares donde pueden trasladarse estos conciertos y no en uno de los sitios turísticos más importantes y conocidos del departamento. ¡Que la novedad no acabe lo que ya está!

Nota uno: De las pocas condecoraciones que me han gustado del Concejo de Neiva es la que le harán al periodista Heber Zabaleta Parra, un hombre serio, decente, persona. Trabajé con él varios años y doy fe de sus calidades como profesional.

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