Piero Emmanuel Silva Arce.

Piero Emmanuel Silva Arce

Esta semana se han comenzado a decantar los candidatos a la presidencia de los diferentes partidos políticos y movimientos en contienda. Algunos se han apartado del camino mientras que otros siguen siendo, hasta el momento, los que van a comandar las campañas de sus sectores. En la última encuesta realizada por Invamer aparece como ganador Sergio Fajardo con 18.7% de intención de voto; le siguen en orden Gustavo Petro (14.3%), Germán Vargas (12) y Humberto de la Calle (9.1%).

La favorabilidad de Sergio Fajardo en las encuestas generó el retiro de sus dos compañeros de alianza (Robledo y Claudia López). Esta decisión resulta un tanto peculiar ya que Fajardo representa, “aparentemente” lo contrario de Robledo. Este último, en todo caso, terminó apoyando a sectores empresariales de Antioquia que le apuestan a un modelo económico tradicional, es decir, el mismo que ha venido aumentando la desigualdad en Colombia. Es bien conocido que, durante la alcaldía de Sergio, hubo un fenómeno conocido como “La Donbernabilidad”, haciendo alusión a que las cifras de violencia descendieron gracias a que el control de los territorios del Valle de Aburrá era ostentado por “alias” don Berna y no por el Estado.

Por otra parte, el ungido por Álvaro Uribe es Iván Duque; su lealtad es extrema, se jacta de saber algunos de los datos más personales y privados del expresidente y ha dicho que es “orgullosamente uribista”, o sea que no será un traidor como Santos. Se esperan posibles alianzas con sectores como el de Germán Vargas Lleras y Alejandro Ordoñez, los cuales coinciden en que es necesario hacer trizas los acuerdos logrados entre el Gobierno actual y las Farc; un acuerdo que, entre otras cosas, plantea reformas de corte liberal que han sido postergadas por una élite política retrógrada y atemporal.

El panorama no es muy alentador; las maquinarias políticas se encuentran bien aceitadas y ese hecho en sí mismo es preocupante. No obstante, es importante exigir un debate respetuoso, pero ante todo que proteja la verdad y la honestidad. Reclamar un ejercicio de la política ético desde las mismas campañas es aportar para ir cambiando la idea de que hay que ir a votar con miedo. La visita a las urnas debe estar acompañada de ideas y propuestas que sean las que se pongan en disputa. Los sofismas creados de manera intencionada no pueden seguir ganando elecciones; puede suceder lo acontecido el día siguiente al plebiscito por los Acuerdos de la Habana: se sentía un ambiente raro, había culpa porque en ese momento se le apostó a la guerra, la cual era y es necesario derrotar.

Investigador del grupo: “Diálogos”.

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