AMAURY MACHADO RUEDA

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Frágiles, pacientes, así son los 28 abuelitos que pasan sus días alojados en el Hogar Divina Providencia, fundado por Alicia Hernández Perdomo y su familia. Son ellos los que conocen una a una las necesidades y angustias de estas personas, que un día fueron abandonados y llegaron a este lugar que se convertiría en su hogar permanente.

Una fecha como esta, no es precisamente una de las más esperadas por algunos de ellos que no han perdido la memoria y los recuerdos sobrevienen, se suman a las enfermedades que los aquejan despertándoles tristezas.

Es por eso que además de la comida, la ropa, los elementos de aseo y las cobijas que puedan recibir de gente de buen corazón, una visita y una buena charla que les aflore una sonrisa y los haga sentir queridos, es el regalo más apreciado.

Ya son 15 años que la señora Alicia y sus colaboradores, desinteresadamente alimentan, cuidan, asean y brindan calor familiar a decenas de ancianos incluso de otras partes del país, en una sencilla vivienda ubicada en el barrio Los Guaduales, en el oriente de la ciudad de Neiva. Los que atiende actualmente oscilan en edades de entre los 87 a 96 años, a excepción de tres, que no son tan longevos pero igualmente están solos, no tienen a nadie y presentan considerables dolencias.

En esta casa, los ancianitos se acompañan mutuamente, rezan el Rosario, leen, ven la televisión, y los que ya perdieron la vista, se conforman con lo poco que alcanzan a escuchar.

Los abuelitos se acompañan entre ellos.Quieren estar tranquilos, pasando sus días de enfermedad.

Un anhelo que pronto será realidad

Si bien la vivienda presenta deterioros, ha sido el refugio de muchos ancianos que dormían y comían en la calle; allí han conseguido un trato digno, una cama y ropa limpia y un plato de comida bien preparado.

Para la Secretaría de Salud del actual gobierno local, las instalaciones de la Fundación Hogar Divina Providencia no son las más aptas para funcionar, y determinó un plazo límite hasta el mes de enero de 2018 para que su administradora le haga las adecuaciones necesarias a la casa, especialmente en la cocina, de lo contrario sellaría el lugar por incumplir la normatividad.

Pero de lo que algo está segura Alicia es de continuar con esta bella obra a la que considera un llamado de Dios, mientras Él le de aliento de vida. Es por ello que espera dentro de poco ver materializado por completo aquel gran sueño por el cual todos estos años ha venido esforzándose, y es el de brindarles a sus abuelitos un nuevo y mejor hogar.

La construcción, que ha ido avanzando poco a poco, se ubica en el sector de Las Margaritas, vía a El Caguán.

“Nosotros fuimos bendecidos con ese lote, ya se han ido unos 120 millones de pesos en la construcción, y aún faltaría otros 30 millones para terminar lo que es la obra blanca, los pisos, los enchapes y la parte eléctrica. Es el momento en que estoy con muchas deudas, pero como siempre he dicho, esta labor se sostiene de la providencia de Dios. Creería que para enero nos estemos pasando al nuevo hogar con los ancianos”, comenta Alicia.

El proyecto ha tenido la fortuna de contar con varios benefactores, pero aún hace falta y por eso hacen un llamado a quienes les mueve colaborar con esta invaluable causa.

Una cama limpia donde descansar, encuentran los ancianos en el Hogar Divina Providencia.

Historias de dolor

Son muchos los ancianos que ha conocido Alicia en su Fundación, todos con una historia dolorosa a cuestas, algunas más impactantes que otras.

“Llegamos a recoger viejitos que estaban comidos por las hormigas, con heridas engusanadas, en total abandono, personas que supuestamente no tenían familia y que después de muertos aparecen los hijos. Es que a mucha gente le da por irse de la casa, abandonar el hogar y terminan así, solos, no piensan que la vida se las cobra después, pero hemos aprendido a no juzgar eso. Gracias a Dios los que lleguen aquí encontrarán un hogar donde vivir tranquilos, donde tener una vejez digna, un hogar que los acoge hasta sus últimos días, para que no se sientan abandonados, sino que tienen a alguien a su lado y que Dios los quiere”.

Cuenta la señora Alicia que algunos de ellos ni siquiera tienen documentación. Es el caso de quien se le conoce solo como ‘Cuta’, pues no ha sido posible aún sacarle la cédula de ciudadanía con la Registraduría Civil. Éste hombre que se desplaza por el suelo con sus manos y pies, fue rescatado hace ya un buen tiempo de condiciones deprimentes, y se presume que cuenta con unos 65 años de edad.

Igual sucede con Ana María, una mujer relativamente joven que lleva dos años con la Fundación y tampoco se ha logrado que la Registraduría el otorgue el documento de identificación. Antes de llegar al Hogar, mantenía deambulando por los lados de la Electrificadora y del barrio Primero de Mayo, negra de la mugre. De ella solo se conocen los rumores de que es profesional, maestra en filosofía e idiomas, tenía esposo, casa en Las Palmas, y un hijo adolescente al que le mataron y no soportó el dolor, por lo que quedó en ese estado de semilocura y depresión. De su propia boca no se conoce nada de su historia, pues muy rara vez habla, tiene periodos de agresividad, y mantiene la mayoría de las veces en un rincón, inmutada.

“La hemos enseñado a asearse, a dar abrazos”, dice Alicia.

Otra situación que preocupa a los integrantes del Hogar Divina Providencia, es la que padece Luz Marina González, una mujer de unos 65 años de edad, a quien el Hospital Universitario de Neiva les insistió que recogiera porque llevaba 6 meses internada con unos tutores en las piernas y no le aparecía familia que se hiciera cargo de ella.

“El compromiso era que en 20 días la trabajadora social enviaba una ambulancia para que la llevara al centro hospitalario a retirarle los tutores, los cuales había que dejarle unos cuantos días más, según el médico tratante. Ya lleva octubre, noviembre y diciembre y no ha sido posible que la atiendan para que le quiten estos aparatos. He llamado a la trabajadora social y me salió con que entonces le consiguiera la historia médica, cuando la historia de ella la tienen es allá en el hospital”, relata Sandra Yulieth, hija de Alicia y cofundadora.

Luz Marina se encuentra en una silla de rueda, sin poderse movilizar y soportando el gran dolor que le causa los tutores después de tanto tiempo puestos.

A la espera de que le retiren los tutores de sus piernas, está Luz Marina.

Cuando la muerte los toca

Al menos unos 150 ancianos acogidos en este Hogar, han partido de este mundo. Según cuenta su fundadora, a unos 10 les ha aparecido familia, y de esos unas 3 han querido hacerse cargo del entierro.

Pero Alicia sabe que la misericordia de Dios es muy grande, y les va dando lo que se necesita. “En una ocasión se nos murió una abuela, y  no teníamos ni un peso, a nosotros nos daban un crédito en Los Olivos, pero los gastos de la parroquia sí había que pagarlos de una vez. Yo seguí rezando el santo rosario y entregándole esa personita al Señor, cuando al ratico recibí una llamada de una señora de Estados Unidos, me dijo que había visto un video mío y de la labor que hacemos y que había quedado muy preocupada porque sentía que yo estaba pasando por una urgencia, una necesidad muy grande, y efectivamente le comenté de la anciana fallecida. Nos giró $200 mil, lo que necesitábamos para pagar lo del entierro. Soy de las que prefiero las cosas así para no robarle la Gloria a Dios, Él y la santísima Virgen son los que sostienes este hogar.”

Sin embargo confiesa que hacer esta labor no es fácil, hay que luchar y esmerarse, por eso realizan eventos para recoger fondos y ayudarse.

Una de las pocas, más no menos valiosa ayuda que la Fundación ha recibido de la administración municipal, es un convenio por solo 3 meses en el año, en el que recibe algunos ancianos desprotegidos a cambio de un auxilio en dinero.

Cada uno de estos abuelitos, lleva una historia de dolor a cuestas.

Continuar el legado

Alicia Hernández es originaria de Nátaga y tiene 67 años de edad. A los 30 padeció un cáncer terminal donde ya no había nada que hacer, fue ahí donde Jesús la sanó, la enfermedad quedó a los pies de su cruz.

Ver a los abuelos alegres, le produce a ella una gran emoción, como ocurrió hace poco. “Vino una profesora del Sena y les hizo un curso de pedagogía y lectura durante 8 viernes, y cuando terminó se realizó la clausura, cada uno de los ancianos recibieron su diploma. Pasaron días de mucha alegría porque estuvieron muy motivados con este tipo de actividades y quedaron inscritos en el Sofia Plus”.

Dice que la única herencia que les deja a sus seis hijos es el amor a esta labor de servir a los ancianos abandonados. “Al igual que yo, ellos han aprendido que a Dios se ama en la eucaristía pero también se ama en el prójimo y de manera especial en el que está más necesitado”.

Estas dos abuelitas se consienten, adormecidas con la música.

Penalización al maltrato

En julio de 2017, entró a regir la Ley 1850 que establece fuertes medidas de protección al adulto mayor y penaliza el maltrato intrafamiliar por abandono.

La ley establece que el responsable de maltrato hacia un adulto mayor, al igual que quien someta a condición de abandono y descuido a una persona con 60 años de edad o más y afecte sus necesidades de higiene, vestuario, alimentación y salud, incurrirá en prisión de 4 a 8 años y en multa de 1 y 5 salarios mínimos legales mensuales vigentes.

Esta multa también castigará a quienes prestan cuidado a los adultos mayores e incurran en maltrato físico y psicológico.

Domingo, no tiene familia. Sonríe ante un amistoso saludo.

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