LA NACIÓN

“A los niños siempre les ha gustado mucho el fútbol, bueno conmigo fue la excepción porque no lo jugaba bien, pero a mí me gustaba correr”. Así cuenta  Éider Arévalo,  como nació la pasión por la marcha, modalidad del atletismo en la que él es el rey, cada vez que le preguntan cuáles fueron los primeros pasos para ser un campeón.

En Pitalito, Eider a los once años de edad motivado por su primer entrenador, Edwar Chilito, empezó a soñar con marchar por el mundo y ser un campeón. Desde esa época comenzó una carrera donde las ganas sobraban, pero los recursos para iniciar el camino a la  cima escaseaban, haciendo difícil, pero no imposible el camino al podio.

Pero el hijo de los huilenses Jenny Truque y Raúl Arévalo,  siempre ha tenido claro que para llegar lejos, debe tener trazado el objetivo y no descansar hasta conseguirlo, sin importar los obstáculos que se puedan presentar en el camino.

Sus primeras zapatillas especializadas en atletismo fueron compradas por su familia luego de hacer una colecta entre todos, porque eran muy costosas, vendió rifas para sus viajes y vitaminas. Trabajaba, estudiaba y entrenaba al tiempo, así con esfuerzo y sacrificio se ha tallado el campeón mundial,  demostrando que no hay sueños imposibles.

Los primeros triunfos llegaron en el 2006. Participó en su primer evento nacional en Bucaramanga, donde alcanzó el primer lugar en los 3.000 metros marcha, al año siguiente compitió en los Juegos Intercolegiados, donde logró clasificar a su primer torneo internacional, siendo campeón suramericano en Chile.

Persiguiendo un sueño

En el año 2008 tras no recibir en el Huila el apoyo que necesitaba para alcanzar su sueño, decidió terminar sus estudios de bachillerato en la ciudad de Bogotá y continuar allí sus entrenamientos.

Fernando Rozo fue su mentor cuando se trasladó a la capital del país, pero en enero de 2012, una parálisis cerebral se lo llevó a los 44 años. Sin embargo dejó marcada para siempre una frase que jamás olvida y que siempre lo acompaña: “Si no quieres sufrir, no puedes ganar”.

Y cuando nadie creía que aquel niño inquieto del Valle de Laboyos, llegaría lejos en la fría capital emprendió el camino que lo llevó a ser campeón panamericano, suramericano, centroamericano y tricampeón mundial juvenil. Subiendo al podio en países como España, México, Rusia, Irlanda, Estados Unidos, República Checa, Portugal, Ecuador, Brasil, Bolivia, Chile, entre otros donde la bandera del país a ondeado en lo más alto.

El marchista se esfuerza cada día para mejorar y seguir escribiendo páginas de gloria. El año pasado, estuvo por segunda vez en unos Juegos Olímpicos, su primera participación fue en Londres 2012, y aunque Río no le dio lo que esperaba, el 2017 le dio la revancha y le entregó el título mundial que tanto persiguió. En Londres, frente al Palacio de Buckingham, saltó mientras en su mente retrataba todos los años de lucha y todo lo que tuvo que hacer para estar allí, dejando así grabado con letras doradas su nombre en la historia del deporte colombiano.

Éider, cada vez sueña más alto, quiere llegar más lejos, superar sus propios límites, porque como siempre dice: “es su principal rival”. Ahora un nuevo objetivo tiene en la mira el atleta de 24 años de edad, conquistar una medalla en los Juegos Olímpicos Tokio 2020. Espera que la tercera sea la vencida. Aunque claro, como él afirma: “vamos paso a paso”.

 

 

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