La visita del Papa al país durante cinco días, una de las más prolongadas de su pontificado, estuvo cargada de profundos mensajes y reflexiones para diferentes sectores.

LA NACIÓN

La visita pastoral del Papa Francisco, entre el 6 y el 10 de septiembre, fue el acontecimiento del año vivido por el país. No se presentaba desde hacía 31 años, cuando el Papa Juan Pablo II estuvo en Colombia, y fue como un respiro en medio de la realidad política colombiana, de tantos odios y corrupción.

Bajo el lema ‘Demos el Primer Paso’, el Sumo Pontífice visitó Villavicencio, Medellín, Cartagena y Bogotá, en donde dejó un mensaje de esperanza, perdón y reconciliación a los colombianos y especialmente a los cerca de siete millones de personas que asistieron a sus eucaristías. Tan solo en Bogotá en la misa que ofició en el parque Simón Bolívar concurrieron 1.360.000 personas, mientras que al aeropuerto Olaya Herrera de Medellín asistieron 1.293.000.

El Papa fue protagonista de esta experiencia que dejó huella y que no será olvidada con facilidad por parte de los colombianos debido a la simpatía o polémica que generó. En las calles y en los lugares en donde iba a estar el Papa, miles de feligreses emocionados se congregaron para saludarlo y escuchar sus palabras. Igualmente otros millones de personas en Colombia y en el mundo pudieron verlo y oírlo a través de la televisión y la radio.

Francisco fue la atracción sobre las multitudes que lo sintieron un Papa cercano y lo consideran un ejemplo de ser humano que emana afecto, ternura, misericordia, transparencia y comprensión y que defiende a los más pisoteados y necesitados.

Durante su visita a Colombia, el papa Francisco se dejó puestos los elementos típicos que le obsequiaron como el sombreo vueltiao del Caribe colombiano, y el poncho y el carriel del Eje Cafetero.

Además expresó su apoyo al proceso de paz que realizó el gobierno Santos con las Farc. “En el último año ciertamente se ha avanzado de modo particular; los pasos dados hacen crecer la esperanza, en la convicción de que la búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto, una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos”, pronunció cuando fue recibido por el presidente Juan Manuel Santos en la Plaza de Armas de la Casa de Nariño.

Habló en repetidas ocasiones del perdón y la reconciliación. Tal vez uno de los momentos más emotivos de la visita del Papa fue el que tuvo lugar en Villavicencio, cuando presidió un encuentro por la reconciliación nacional entre víctimas y victimarios.

Allí, además de escuchar los testimonios de los diferentes actores del conflicto, Francisco reflexionó e hizo una oración ante el Cristo de la iglesia que presenció la masacre de Bojayá y que perdió piernas y brazos durante el hecho, el mismo que hoy es símbolo de la desgracia del conflicto interno.

Algunos de sus mensajes que conquistaron el corazón de los colombianos e invitan a la reflexión fueron:

A la paz y las víctimas

“Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia y en la verdad”.

“En Colombia todavía hay espacio para la cizaña. No nos engañemos: ustedes estén atentos a los frutos, cuiden el trigo, no pierdan la paz por la cizaña. Aun cuando perduren los conflictos, la violencia o los sentimientos de venganza, y acojamos a todo ser humano que cometió delitos, los reconoce y se compromete a reparar”.

“¡Basta una persona buena para que haya esperanza! ¡Y cada uno de nosotros puede ser esa persona! Esto no significa desconocer o disimular las diferencias y los conflictos. No es legitimar las injusticias personales o estructurales. El recurso a la reconciliación no puede servir para acomodarse a situaciones de injusticia”.

A los desposeídos

“Estoy aquí no tanto para hablar yo sino para estar cerca de ustedes y mirarlos a los ojos, para escucharlos y abrir mi corazón a vuestro testimonio de vida y de fe”.

“Los animo a dirigir la mirada a los que están excluidos y marginados en la sociedad actual, los que no cuentan para la mayoría y son postergados y arrinconados. Todos somos necesarios para crear y formar la sociedad. Esta no se hace solo con algunos de ‘pura sangre‘, sino con todos”.

“Estas multitudes de hombres y mujeres, niños y ancianos habitan una tierra de inimaginable fecundidad, que podría dar frutos para todos. Sin embargo, aquí como en otras partes, hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos”.

A la iglesia y sacerdotes

“Ahora también la Iglesia es ‘zarandeada‘ por el Espíritu para que deje sus comodidades y sus apegos. La renovación no nos debe dar miedo. Los sacerdotes no somos políticos sino pastores, que deben involucrarse en la defensa de los más débiles y a favor de la paz”.

“No podemos aprovecharnos de nuestra condición religiosa y de la bondad de nuestro pueblo para ser servidos y obtener beneficios materiales”.

A los jóvenes

“¡Cómo no van a poder cambiar esta sociedad y lo que se propongan! ¡No le teman al futuro! ¡Atrévanse a soñar a lo grande!”.

“No se dejen vencer, no se dejen engañar, no pierdan la alegría, no pierdan esperanza”.

Sus mensajes llenos de reflexión, convirtieron al papa Francisco en un huésped especial en el corazón de los colombianos.

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