Analistas consideran que no será suficiente el aumento del precio del petróleo para tapar el déficit de casi 30 billones de pesos.

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Ni el más optimista lo esperaba: en las dos primeras semanas de enero los precios internacionales del petróleo se convirtieron en la gran noticia para el país. Sobre todo para el gobierno, que en los últimos dos años tuvo que capotear una avalancha de malas noticias comenzando por la desaceleración de la economía, la caída del consumo y el estancamiento de los ingresos fiscales, entre muchas otras.

Las cotizaciones del crudo de la variedad Brent se acercaron a los 70 dólares, una cifra que no se veía desde finales de 2014, y los precios del WTI mostraron su mejor cotización en tres años, al llegar a niveles de 63,8 dólares por barril.

Los expertos atribuyen este impulso en los precios a la caída en las reservas de crudo de Estados Unidos, la reducción de cuotas de los países Opep, los problemas políticos en algunos de los productores como Irán y Siria y el aumento de la demanda global por efectos del fuerte invierno boreal, así como la expectativa de crecimiento de la economía mundial.

Al tiempo que se registra el aumento en las cotizaciones del crudo, el país ha experimentado una caída en el precio del dólar, que se ha cotizado incluso por debajo de los 2.900 pesos, lo que ha mejorado el perfil de la deuda externa tanto del gobierno como del sector privado.

Pero nadie se atreve a predecir qué tan duradero puede ser este fenómeno de altos precios del petróleo.

Pero mientras esté arriba, Colombia obtiene cerca de 350.000 millones de pesos adicionales por cada dólar de alza en su cotización, de acuerdo con estimaciones del Ministerio de Hacienda. Este basó el año pasado sus cálculos macroeconómicos en un precio por barril de petróleo de 51 dólares y para este año lo estimó en 55 dólares.

Mayores precios del petróleo no solo implican más ingresos fiscales por retefuente e impuestos pagados por las petroleras sino también un dividendo más jugoso por parte de Ecopetrol.

Proyecciones de Davivienda Corredores indican que incluido el aumento en los precios del petróleo registrados el año pasado, las utilidades de Ecopetrol pudieron alcanzar los 4,5 billones de pesos.

Esto implica que si en la próxima asamblea de marzo se aprueba el pago de 44 pesos en dividendos por acción, a la Nación le ingresarían 1,6 billones de pesos, una cifra mucho mayor que los 836.000 millones de 2016, asegura José Germán Cristancho, director de Estudios Económicos de esta firma.

Estos recursos son un alivio –aunque no la solución– para las alicaídas finanzas nacionales, que terminaron 2017 con dos noticias preocupantes. Por un lado, un recaudo de impuestos que no cumplió las expectativas de la última reforma tributaria –la séptima desde 2010– y podría poner en aprietos al próximo gobierno.

Por otra parte, un déficit fiscal total que el año pasado alcanzó los 33,46 billones de pesos de acuerdo con las propias proyecciones del Ministerio de Hacienda. Para los analistas, se trata de una cifra muy alta en el conjunto de países de la Ocde e incluso entre los emergentes.

¿Peor el remedio?

En el frente tributario, en un reciente artículo en el diario El Tiempo, el director de la Anif, Sergio Clavijo, cuestionó el impacto negativo que tuvo el aumento del IVA durante el año pasado y los bajos resultados en materia de recaudo. Para Clavijo, los impuestos participaron poco como porcentaje del PIB, mientras que provocaron una fuerte desaceleración de la economía.

En Fedesarrollo confirman que la meta del gobierno era que el recaudo tributario representara el 14,2 por ciento del PIB, pero todo indica que el año pasado habría alcanzado apenas 13,8 por ciento.

En el caso específico del IVA, cuando se presentó la reforma tributaria, las proyecciones del Ministerio de Hacienda indicaban que el aumento de tres puntos en su tarifa –la principal fuente de recursos adicionales– aportaría 6,3 billones de pesos a los ingresos de la Nación, pero el reporte oficial al cierre de 2017 muestra que el recaudo de IVA atribuible al cambio en la tarifa llegó a 6 billones.

El gobierno no logró su objetivo, en buena medida porque, ante el aumento del IVA, muchos consumidores decidieron aplazar sus compras mientras reinaba la desconfianza y todo esto derivó en una caída del consumo que atizó la desaceleración de la economía.

También el déficit

Por el lado del déficit fiscal las preocupaciones crecen. Aunque este año se prevé una mayor dinámica en la economía -el Banco Mundial calcula un 2,9 por ciento para el país-, que podría implicar un aumento en el recaudo, las cifras para el próximo gobierno estarán muy apretadas, en buena medida porque a partir de 2019 entra en vigencia una reducción en la tarifa de renta, lo que implica menores ingresos.

Si bien el petróleo ha sido un bálsamo para aliviar las heridas generadas por el desajuste entre los ingresos y gastos de la Nación, lo cierto es que todavía el país tendrá que trabajar este año en nuevas estrategias para lograr cerrar la preocupante brecha fiscal.

 

 

 

 

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