Juan Carlos Conde Vargas

No se valoran las propuestas políticas a partir del ataque visceral al contradictor ideológico, ni se persuade al elector con fundamento en una descalificación del opositor. La política pública requiere de propuestas, sugerencias novedosas, suficientemente atrayentes, con la vocación de fomentar una discusión en la cual, si está permitido decirlo, se ataquen con dureza las ideas siendo suaves con las personas.

Dicho lo anterior, es oportuno señalar la dificultad para definir a Sergio Fajardo a partir del reconocimiento a su trayectoria política; porque nadie puede discutirlo: estamos frente a un político. Un justo y claro defensor de la democracia, vencedor indiscutible cuando obtuvo las más altas votaciones como candidato a la Alcaldía de Medellín y posteriormente a la Gobernación de Antioquia, pero también respetuoso de las derrotas sufridas desde el año 2000, cuando por primera vez propuso su nombre al electorado paisa.

Sergio Fajardo es, a no dudarlo, mucho más que un inquieto matemático a quien pueda imputársele la limitada resolución de los problemas a través de la búsqueda en Google, como equivocadamente circula en las redes sociales. La fluidez en sus palabras y el poder de convocatoria que lo ha llevado a tan altos cargos públicos, van más allá de un paisa encantador que solo puede recoger votos con su sonrisa o a partir de la inmejorable prolongación de su juventud, casi al punto de ser un referente millennial.

Sin embargo, en esa búsqueda del futuro Jefe de Estado, aún hay mucha distancia entre su carismático perfil político y el estadista requerido para el período 2018- 2022. Al buscar con insistencia sobre las propuestas políticas de Sergio Fajardo y particularmente aquellas relacionadas con el ordenamiento territorial y la vivienda, un silencio ensordecedor termina imponiéndose, con enormes interrogantes sobre la materia, más aún cuando se trata de temas con enorme sensibilidad por sus efectos en materia económica.

Tan grave es el asunto, que al revisar su página web (sergiofajardo.co) solo tres renglones -de un extenso documento (27 páginas)- levemente se refieren a la vivienda como tema a resolver, sin que se plantee un qué hacer ni un cómo para atender las dificultades actuales. La vivienda rural al igual que otros asuntos relacionados con el campo juegan un papel protagónico, olvidando que la mayor parte de la población se encuentra en las ciudades, con problemas estructurales que requieren de una intervención urgente por parte de la Nación.

Ni qué decir del tema urbes (ordenamiento territorial), asunto que no es analizado sino simplemente citado, marginándose de la discusión sobre graves problemas como aquellos del servicio público de agua, la renovación de aquellos sectores deprimidos, el enfoque al proceso de reposición de áreas residenciales con potencial de mejoramiento y la protección a los bienes de interés cultural o arquitectónico. Materias todas estas en las cuales lastimosamente no existe una propuesta de fondo, situación que mantiene vigente la indefinición del político.

Si bien es necesario articular esfuerzos en la lucha contra la corrupción y el fomento a la educación, banderas políticas de su discurso, resulta necesario establecer cuál será el direccionamiento de los recursos públicos y qué se hará en aquellos temas que como la vivienda, no solo garantizan un cambio en la calidad de vida de las familias, sino que contribuyen a la generación de empleo, la transformación de las ciudades y la competitividad del siglo XXI.

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