OSCAR ALVIS PINZON

El fútbol es el más generoso de los legados que los ingleses le han dejado a la humanidad. Durante años, muchos intelectuales se resistieron a hablar de fútbol, a pensar el fútbol; lo consideraban “el opio de los pueblos”. El fútbol es un hecho social fascinante, uno de los grandes inventos del siglo pasado; algo que antes no existía y que pasó de pronto a ser un eje en nuestras vidas. Algo en qué creer, por lo cual apasionarse, una manera de ser  a través de otros: un rito religioso; que se celebra cada domingo y cada miércoles y todos los días; pero se festeja sobre todo cada 4 años. El fútbol nos iguala, nos nivela, nos humaniza, nos animaliza, nos diviniza. El fútbol, no solo es un pretexto para medir las fuerzas tácticas o técnicas de equipos y selecciones; sino que también impulsa iniciativas de responsabilidad social. Ya  hay ejemplos de lo que puede lograr el fútbol, la sociedad civil, las organizaciones sociales, la empresa privada y un balón; porque contribuyen al desarrollo personal de los niños y jóvenes que viven en situaciones desfavorables. Definitivamente el fútbol da para todo: para aglutinar un pueblo y darle sentido de identidad; para patriotismos y patrioterismos, para la celebración, la pasión, la felicidad colectiva, el sufrimiento, la violencia y la corrupción (Fifa). El fútbol es un deporte apasionadamente humano y hermoso, sin él y sin la mujer la vida no tiene sentido.

Resulta importante la manera como la Selección Colombia se convirtió en un factor de unidad nacional. Gracias a la Selección Colombia los niños de este país tienen un ejemplo, los jóvenes un motor y los adultos una ilusión. Ahora solo nos resta continuar con la camiseta amarilla puesta y pensar en Rusia 2018. Las personas somos competitivas por naturaleza y la pasión se debe sentir en cada actividad que realicemos. Si cada quien hace lo que le gusta con decisión, alcanzará cada uno de los objetivos propuestos. No  es solo hacer lo que me gusta, si no que me guste lo que hago.

En cuanto hace referencia al Atlético Huila, hoy tenemos que hacerle un reconocimiento al Ing. Juan Carlos Patarroyo, que como presidente del club le hizo una reingeniería desde el punto de vista administrativo y deportivo, con resultados positivos, para competir con decoro en la Liga Águila 2018-1. También hay que destacar el trabajo del cuerpo técnico en cabeza del profesor Gravioto y del plantel de  jugadores, por ese sentido de pertenecía, solidaridad, entrega y combatividad, atributos que garantizan  un buen rendimiento del equipo y la credibilidad de la afición. Tenemos un equipo que presiona en todos los sectores de la cancha, bien trabajado táctica y físicamente y que no da balón por perdido. Solo falta la presencia del jugador No. 12: el hincha y la colaboración de los entes gubernamentales, para la terminación de la remodelación del estadio,  El Atlético Huila tiene presente y futuro, apoyémoslo. Se dio un timonazo a tiempo y hay un nuevo rumbo muy prometedor.               ¡Votemos por la paz!

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