Padre Elcías Trujillo Núñez

 

La noche de este Sábado, es la noche verdaderamente feliz, la noche más luminosa que el día, la noche en que se une lo humano con lo divino, la noche de Cristo, la noche del mundo entero, la noche del hombre nuevo. Lo que caracteriza a la Pascua es lo nuevo. Cristo es el hombre nuevo, que surge del sepulcro para hacer un pueblo nuevo. La lección bíblica empieza con la primera creación, el hombre primero y termina con el relato del Evangelio: Cristo que sale del sepulcro, el hombre nuevo, la nueva creación. Empezaremos la liturgia bendiciendo el fuego nuevo. Después encenderemos la luz nueva, símbolo de Cristo. Y en esa luz de Cristo encenderemos también nuestro propio cirio, la luz nueva. Bendeciremos el agua nueva. ¿No les parece que es la noche propicia para que todos nosotros nos entreguemos al Hombre nuevo, Jesucristo, el  hombre nuevo pascual.

Esta noche, al renovar las promesas bautismales, vamos con los cirios encendidos en nuestras manos, vamos a comprometernos definitivamente con Cristo y con los hombres. El hombre nuevo es el hombre de la luz. Esta noche encenderemos nuestro cirio en la luz de Cristo y después comunicaremos esta luz. La luz se enciende para que ilumine nuestro camino, para que brille ante los hombres, para que penetre la oscuridad de nuestro tiempo. Ser luz del Señor es vivir por medio de la fe los acontecimientos de la historia, comprometer la fe en lo cotidiano, en la vida concreta, ser hombres de fe. Ser testigos de la luz es irradiar la fe, proclamarla y realizarla. El hombre nuevo es el hombre de la luz, es el hombre de la fe. El hombre nuevo es el hombre de la esperanza. Esta noche es la noche de la esperanza pascual. Es la noche en que nuestros ánimos abatidos, cansados y pesimistas tienen que resucitar con Cristo y vivir el gozo de la esperanza. No nos apoyamos en nosotros mismos: somos pobres, flojos y miserables. Y no nos apoyamos tampoco en los hombres: vemos como tambalean y cambian. Nos apoyamos únicamente en la Luz que es Cristo, en la seguridad y firmeza que es el Señor. Esperar es caminar, es caminar hacia la Pascua definitiva, hacia el Cristo que vuelve. Allí el hombre será definitivamente nuevo cuando sea revestido en el cuerpo glorioso de Jesús. Esperar es caminar, esperar es comprometerse. La esperanza es actividad, es creación. No es cruzarnos de brazos y esperar tiempos mejores. Cada uno de nosotros tiene que hacer algo: convertirse en hombre nuevo, crear una sociedad nueva, crear estructuras nuevas. El hombre nuevo es el hombre de la comunión. Esta noche pascual es la noche de la fraternidad, de la comunión de hermanos. Es sentirse apoyados en el misterioso peregrino de Emaús que camina con nosotros: Jesús en persona. Es sentirnos acompañados por nuestros hermanos, que van al lado nuestro. Noche de comunión. El hombre nuevo que queremos ser, tiene que comprometerse a vivir más en auténtica y profunda comunión fraterna. El mundo cambiaría mucho, si los hombres, si los cristianos fuéramos verdaderamente hermanos. Hermanos en un amor que  nos lleva a hacer que el pobre no sea tan pobre, a hacer que el hermano no se sienta tan cansado y desalentado, a hacer que no sea tan marginado, a que viva más como hombre. Esta noche de Sábado Santo, nos  deseamos una vida nueva. Que seamos hombres nuevos, es decir, hombres de luz, hombres de esperanza, hombres de comunión. Y así haremos la Iglesia que el mundo de hoy necesita, haremos la Iglesia nueva, haremos la Iglesia pascual. E mail: elciast@hotmail.com

 

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