Colombia sigue siendo un país conservador. 

La discusión sobre el concepto de familia y los valores morales ha tenido más peso en la actual campaña electoral que en otras del pasado. Ni siquiera en 2014, cuando buena parte de las iglesias evangélicas respaldaban la candidatura de Óscar Iván Zuluaga, tuvieron tanto peso en el debate político temas relacionados con el papel del Estado en asuntos considerados de la órbita privada como la familia o la orientación sexual. Pero el plebiscito marcó un hito en la discusión pública de algunos de esos aspectos. Algunos promotores del No mezclaron su rechazo a la llamada ideología de género supuestamente incluida en el acuerdo de paz. El movimiento evangélico hizo sentir su poder y pastores y políticos salieron a la plaza de la mano. “Están utilizando la paz para imponer la ideología de género”, dijo el exprocurador Alejandro Ordóñez pocos días antes de la votación. Él, congresistas del Centro Democrático y otros líderes del No también hicieron presencia en las marchas contra las cartillas de educación sexual elaboradas por el Ministerio de Educación que presuntamente promovían el homosexualismo. El apoyo de los evangélicos a algunas candidaturas volvió a sentirse con fuerza en la contienda presidencial. Después de aceptar el apoyo de Viviane Morales, Colombia Justa Libres y del Mira, Iván Duque insistió en que en su gobierno defenderá “la idea de familia conformada por papá y mamá”. Así mismo, en una reunión de feligreses aseguró que no rechazaría la posibilidad de trasladar la sede diplomática a Jerusalén, siguiendo el acuerdo programático hecho con Colombia Justa según el cual su presidencia “acompañará la causa de Israel como nación”. Tanto el candidato uribista como Germán Vargas han defendido la penalización de la dosis mínima y este último también propuso la creación de un ministerio de la familia. ¿Hasta qué punto la agenda política moralmente conservadora se debe a cambios sociales? ¿Qué tantos réditos genera? ¿Sus propuestas se deben a que la sociedad colombiana se ha vuelto más conservadora o a estrategias de marketing?

 

AUMENTÓ RECHAZO

Un reciente estudio del Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes, basado en encuestas a más de 1.512 personas en todo el país realizadas desde 2010, evidencia que en 2016 aumentó frente a 2014 la desaprobación a la homosexualidad, la eutanasia y el aborto aún cuando está en riesgo la salud de la madre. En el caso de la homosexualidad, el rechazo pasó de 46 por ciento hace cuatro años a 53,7 por ciento hace dos. Entre la comunidad evangélica esta censura es del 87,5 por ciento. Otra medición, elaborada por Cifras y Conceptos y publicada por El País de España la semana pasada, deja ver valores equivalentes y concluye que los votantes colombianos “tienen un sesgo mayoritariamente conservador”. Según la encuesta realizada en abril de 2018, el 77,5 por ciento de los votantes se declara muy en contra del aborto, el 69 por ciento se opone a la legalización de la marihuana y un 60 por ciento no estaría dispuesto a aceptar mayores impuestos a cambio de mejoras en la educación. Los expertos tienen diferentes posiciones sobre si esas respuestas indican que los colombianos se han ‘conservadurizado’ o no.

 

PAÍS CONSERVADOR

Miguel García, director del Observatorio de la Democracia, insiste en que después del plebiscito se produjo un proceso de “regreso a las actitudes conservadoras”, que siempre han existido en el país y que habían perdido peso en 2014, cuando se vivió un entusiasmo inicial con el proceso de paz. Sostiene que Colombia siempre ha sido un país conservador, y que a veces ha tenido procesos de apertura frente a nuevos derechos, tal como ocurrió en 1991, cuando la Constituyente transformó la Carta Política en un texto de defensa de las libertades individuales. “El papel de la Iglesia en sostener el orden político es más importante en la historia de Colombia que en la de otros países”, sostiene. En todo caso, asegura García, suele haber diferencias entre las actitudes reales frente a ciertos temas y lo que responde la gente sobre los mismos. Por un lado, porque el marketing político de la derecha ha calado en el discurso social y, por otro, porque este cambia según las coyunturas. Esta última explicación permite entender, por ejemplo, que las actitudes frente al matrimonio homosexual hayan sido menos tolerantes después de las movilizaciones masivas en contra de las cartillas del ministerio. En Colombia cada vez más parejas prefieren la unión libre. Desde la década pasada, el porcentaje de gente casada ha ido bajando cerca de un 4 por ciento cada año. Y frente a la población gay, se calcula que esta asciende a 4,5 millones de personas. Sin embargo, también hay que considerar que a medida que algunos grupos progresistas avanzan, los conservadores elevan su voz. A esa explicación a la dicotomía entre un país cada vez más liberal en comportamientos y más godo en las encuestas, también puede sumarse otra particularidad histórica frente al tema de los derechos. Decisiones como las de reconocer el matrimonio gay, legalizar el aborto en casos de peligro para la madre o el bebé o permitir el porte y consumo de la dosis mínima han resultado más de decisiones judiciales que políticas. En otras palabras, han surgido de demandas de activistas tramitadas en la rama judicial y no en los planteamientos de los representantes políticos. Para poner un ejemplo, a pesar de los requerimientos de la Corte Constitucional, el Congreso le ha hecho el quite a discutir el proyecto de ley sobre el matrimonio igualitario.

 

RELIGIÓN Y POLÍTICA

El discurso conservador alrededor de temas como la familia, así como el auge de las iglesias evangélicas y su incidencia en la política están presentes en la mayoría de países de América Latina. Así mismo, la defensa de valores morales con el argumento de preservar el orden social acompaña muchos de los planteamientos autoritarios, presentes en varios lugares de la política mundial. Que los propósitos conservadores tienen un impacto electoral quedó demostrado en el plebiscito y se evidencia en la popularidad que hoy tiene la propuesta política de derecha. No obstante, eso no quiere decir que esas percepciones puedan generalizarse a todo el país y mucho menos que las medidas planteadas puedan aplicarse fácilmente. Es evidente que el Estado puede tomar iniciativas en temas del orden moral, pero no es claro cuál sería su efecto: “Una política de subsidios dirigida a fortalecer la familia tradicional, por ejemplo, terminaría por obligar a muchos colombianos a mentir sobre su estado civil”, insiste García, quien asegura que el matrimonio convencional cada vez se limita más a las clases altas. En otros aspectos, como el matrimonio igualitario, ya hay precedentes judiciales y principios consagrados en la Constitución difíciles de reversar. Y así como hay quienes hacen política a favor de determinados principios morales, también hay quienes la hacen en defensa de los derechos basados en libertades. Incluso, en temas que articulan la esfera política con la órbita privada, la sociedad colombiana también parece estar polarizada.

Cortesía: Revista SEMANA

 

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