Consuelo Serrato de Plazas

 

Una mirada hacia la familia

No hubiese querido ocuparme nuevamente de un tema tan agobiante pero infortunadamente las alarmantes cifras de abuso sexual contra menores de edad en nuestro departamento no dan tregua, hecho que fuerza referirme una vez más a esta problemática dadas las funestas repercusiones en la integridad física, psíquica y moral de sus víctimas.

En efecto, la Fiscalía General de la Nación Seccional Huila puso al descubierto a través de diversos medios de comunicación que, de las 5530 víctimas de violencia sexual registradas durante 2017 hasta mayo del presente año, 4047 corresponden a menores de edad. Los anteriores resultados confirman que los niños y las niñas en nuestro departamento son las principales víctimas de agresiones sexuales con el 73.18% de los casos.

A la luz de esta escalofriante realidad resulta incongruente advertir que dos de los entornos protectores por excelencia de la infancia en ocasiones representen escenarios propicios para los agresores sexuales, tal el caso del contexto escolar y familiar. Cómo no estremecerse con la noticia divulgada hace unos días en un diario local relacionada con la agresión sexual de que fuera objeto una niña de escasos nueve años por parte de un docente “quien tenía bajo su cargo las áreas de Religión y Civismo” y más grave aún que “la menor recibía amenazas de muerte por parte del profesor y aunado a ello le ofrecía incentivos respecto a sus notas académicas”.

De hecho los preocupantes registros demuestran que la violencia sexual contra la población infantil de una parte se constituye en un fenómeno recurrente y progresivo y de otra que muchos permanecen en entornos transgresores de sus derechos, conmovedora realidad que obliga llamar la atención de todos los actores corresponsables para que de manera articulada y URGENTE realicen ingentes esfuerzos encaminados  a superar una problemática que continúa siendo infligida a gran escala y que indiscutiblemente trunca la inocencia,  felicidad y  sueños de nuestros niños y niñas.

Así las cosas, es fundamental que desde el binomio familia – escuela se posibiliten estilos de vida saludables para el ejercicio real de los derechos de los niños. Sea esta la oportunidad para exhortar a las instituciones educativas frente a la necesidad de evaluar periódicamente no solo las aptitudes sino también las actitudes de quienes conforman su planta de personal como herramienta que conlleve a contrarrestar cualquier señal de abuso sexual.

Los invito para que entre todos asumamos el reto de contribuir a tutelar la inocencia de nuestros niños. Trabajar por su felicidad es un dulce desafío en el que todos debemos participar pues como bien lo expresara el escritor Tom Robbins “nunca es demasiado tarde para tener una infancia feliz”.

Comentarios

comentarios